Los abusos sexuales de Afganistán

Los abusos sexuales de menores que el ejército de EEUU ignora en Afganistán

 Testimonios de marines revelan la existencia de un tráfico sexual de menores para servicio de jefes militares y policiacos afganos

 De Jesús Del Toro/Pulso Usa

 La del marine Gregory Buckley Jr. es una historia trágica, que muestra los horrores y el cinismo de la guerra y que habla de la impetuosa necesidad de que la verdad pueda ser conocida sin cortapisas, para así tener al menos la posibilidad de impedir que su terrible drama persista y se repita.

Y tan terrible, o más, es la realidad en la que viven incontables adolescentes en Afganistán, una nación agobiada por la guerra y en el que los menores son, frecuentemente, utilizados como esclavos sexuales por jefes de milicias afganas aliadas a los militares estadounidenses.

 Greg Buckley, padre del marine Buckley asesinado en una base militar en Afganistán en 2012. (AP)

 Eso se desprende del testimonio de Gregory Buckley Sr., padre del marine Buckley, según el relato del periódico The New York Times. En 2012, Buckley Jr. fue asesinado en Afganistán dentro de una base estadounidense por un adolescente armado que irrumpió en el lugar con una ametralladora. Pero, como señala la televisora Fox News, la familia del marine caído cree que se ha encubierto la verdad sobre la muerte de Buckley y ha demandado al Departamento de Defensa para que se dé a conocer todo el contexto y las circunstancias del asesinato. No quieren dinero, se ha dicho, sino la verdad.

 Y la verdad sería lo que según Buckley Sr. su hijo le reveló un tiempo antes de morir: que en Afganistán, incluso en las propias bases militares estadounidenses, oficiales de policía y jefes de milicias afganos cometen abusos sexuales sistemáticos contra menores de edad. Una atrocidad ante la que los militares estadounidenses no podían oficialmente hacer nada, pues se les habría ordenado no interferir en ello, ignorarlo por considerarlo un aspecto de la “cultura” afgana.

 Pero Buckley y otros militares estadounidenses al parecer encontraban repugnante tanto los abusos sexuales como la indiferencia del ejército. Ni siquiera, de acuerdo al Times, podían intervenir cuando las propias bases militares eran escenario de esas prácticas.

La cadena pública PBS documentó el tráfico sexual de adolescentes en Afganistán, para “entretener” a jefes militares y ricos comerciantes. Y señala que si bien se trata de una práctica que tiene antecedentes ancestrales, en la actualidad es ilícita y fue restablecida por los señores de la guerra de Afganistán, con la mirada permisiva de los mandos militares estadounidenses en los casos en los que los abusos son perpetrados por sus aliados afganos.

 La razón de ese lavarse las manos, indicó el Times, sería la política estadounidense de no intervención en materias “culturales” y jurisdiccionales afganas: en esta lógica, los casos de abuso sexual cometidos por militares o policías afganos serían un asunto de la justicia penal afgana ante el que las fuerzas militares estadounidenses no están autorizadas a intervenir.

 El cuerpo del marine Gregory Buckley, asesinado en una base militar en Afganistán, al volver a EEUU. (Getty Im …

Pero Buckley y otros militares no coincidían con ello. Sentían, incluso, que al tolerar esos abusos militares contra menores traicionaban la misma razón de su presencia en Afganistán: llegaron, comentan, a ese país para echar a los talibanes y combatir a Al Qaeda, y con ello hacer valer la libertad y los derechos humanos. Pero mirar hacia otro lado ante la esclavitud sexual de jóvenes sería lo contrario.

 E incluso, de acuerdo al Times, ancianos líderes de varias comunidades afganas han presentado numerosas quejas contra militares y policías afganos que violan, secuestran y esclavizan sexualmente a sus jóvenes. Esas comunidades estarían, más bien, pidiendo a los estadounidenses que frenen los graves abusos de sus aliados afganos. Buckley Sr. llama a esa pasividad, tajantemente, una forma de complicidad.

 Además, como indica el Times, no serían pocos los militares estadounidenses que pensaron que cerrar los ojos ante el tráfico sexual de adolescentes era permitir algo tan malo o peor que lo que imponían los talibanes cuando estaban en el poder en Afganistán. El Times, por ejemplo, cita el caso de dos militares estadounidenses, el capitán Dan Quinn y el sargento Chalres Martland, quienes actuaron contra un jefe de una milicia afgana aliada de Estados Unidos que mantenía a un chico encadenado a su cama para usarlo como su esclavo sexual. Quinn fue relevado de su mando y al final dejó el ejército, y Martland enfrenta un proceso para obligarlo a retirarse de las fuerzas armadas.

Así, Buckley Sr. cree que su hijo fue asesinado en el contexto de la permisividad de los mandos estadounidenses ante los abusos sexuales contra menores cometidos por jefes y policías afganos. El marine Buckley, se desprende de lo dicho por su padre, estaba asqueado y horrorizado por los abusos y de la inacción de los estadounidenses.

 Militares estadounidenses en Afganistán. (AFP)

 El padre del marine, así, acusó al Departamento de Defensa de ocultar los detalles del asesinato de su hijo y de otros dos marines a manos de un adolescente que era parte del grupo de jóvenes que servían a un jefe de la policía afgana local, llamado Sarwar Jan. Esos jóvenes habían sido hospedados en el mismo cuartel que los marines y habrían sido sujetos a esclavitud sexual, de acuerdo a The New York Times. En la última llamada de Buckley a su padre el marine le habría dicho justo eso. Después, murió acribillado en su propio cuartel por uno de esos jóvenes presuntamente al servicio de Jan.

De acuerdo al Times, Jan ha negado mantener a jóvenes como esclavos sexuales y rechazó toda relación con el joven que mató a Buckley.

Pero el padre del marine no se ha dado por vencido y busca con su demanda que se revele toda la verdad. Quizá así la memoria de su hijo y la de otros que han encarado esos abusos sexuales en Afganistán puedan ser redimidas y se dé una esperanza de paz y justicia para las víctimas y sus comunidades.

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