¿Qué deben cambiar los países tercermundistas o emergentes para salir del subdesarrollo?

Mientras nuestros países llamados despectivamente e irónicamente tercermundistas, entre ellos Colombia; sigan en el mismo círculo vicioso de permisibilidad a la delincuencia, al crimen, subyugados, sumisos, entregados al conformismo y a la desesperanza; no saldremos por varias décadas más del subdesarrollo que están sumergidos a la ignorancia del atraso, con una subcultura contaminada por hechos históricos y modernos, que ha torpeado y estropeado nuestro pensar común, en medio de un ámbito global industrializado y civilizado.

 

Debemos proponer y empezar por aplicar cadena perpetua (los chinos proponen la pena de muerte) para crímines comprobados, porque ninguna sociedad honesta y trabajadora merece vivir con tanto miedo, como vivimos en la actualidad, huyéndole a la delincuencia en todas sus expresiones. Las eliminaciones de criminales peligrosos, atemorizarían al resto de delincuentes. Crecería la seguridad pública y el gasto se reducirá drásticamente. A futuro cercano, se reflejará en el desarrollo de la cultura y comportamiento de las personas.

 

Aplicar un severo y ejemplar castigo para los políticos corruptos: en nuestros países no los castigan apropiadamente, en especial a los mandatarios de turno, que vacían las arcas públicas en derroche y robos. Quintuplicar inversión en educación: un país, que quiere crecer y competir, debe producir los mejores profesionales del mundo.

 

Reducción drástica de la carga tributaria y reforma fiscal inmediata: el gobierno no debe perseguir a las pequeñas y medianas empresas, menos a los humildes trabajadores, con tributaciones impagables, y lo peor es que, estos dineros se esfuman en bolsillos ajenos. Para ellos, las cargas fiscales son exageradas, confiscatorias, injustas, y desordenadas. Reducir el 80% del salarios y gastos de los políticos, donde ellos ganan 40 veces más que un asalariado: tenemos la política más cara del mundo. El político debe entender que es un funcionario público, obligado a entregar su trabajo y conocimiento en beneficio de su país y no en pro de un emperador o rey. Con ese objetivo son elegidos, no para que se enriquezcan ilícitamente a costa del pueblo que lo puso en ese pedestal.

 

Invertir, cambiando la cultura del pueblo; por cuanto ya el pueblo ya no cree ni respeta al gobierno ni su política, menos a los políticos; no se respeta a las instituciones, no cree en sus leyes ni en su propia cultura, no hay justicia pronta ni acorde a las necesidades de su gente, por eso impera las vías de hecho. Nos hemos acostumbrado al desorden gubernamental y pasamos a ver como normal la corrupción, la violencia y el deterioro de los servicios públicos entre ellos la salud.

 

Reducir la edad laboral a 16 años (el mundo se está envejeciendo) estos países acostumbran a tratar a los adolescentes de 15 a 18 años como niños, que no se hacen responsables de sus actos y les prohíben trabajar. Error fatal. Necesitamos obra de mano renovada, en todas las instituciones públicas como las entidades privadas. Esta contradicción hipocrática de la ley, sólo sirve para crear peligrosos delincuentes; en esta época el desarrollo físico y mental de la juventud es acelerado, con todas sus capacidades mentales para realizar cualquier actividad, que, al cumplir los 18 años, están formados para el delito, porque es la única opción que le brinda el medio. Un pueblo complaciente, que solo mira, como los corruptos hurtan el dinero del erario público, cohonestando a los de cuello blanco, está llamado al fracaso.

En estos países, entre más pobre sea, el gasto en política y corrupción es abismal, al margen de este fenómeno, crece la pobreza y surge la violencia.

Por: LUIS CARLOS LOZANO OSPITIA.

Columnista, abogado y escritor

Colombo-español

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