Cali , capital mundial de la “salsa”, acogería muchos desmovilizados en el posconflicto. Una bomba de tiempo en medio de inseguridad y desempleo

Por : Francisco Cardona

El gobierno de Colombia está ad portas de rubricar el proceso de paz  más discutido y polémico de su vida republicana luego de fallidos intentos  durante 50 años de conflicto armado. Un histórico acuerdo que sigue y seguirá dividiendo a la opinión pública mientras el tiempo y,  más que nada , la estabilidad social demuestren  lo contrario ya que en la mayoría de los puntos del acuerdo -material que aún los colombianos desconocen- la impunidad peca y reza debido a otros actores que han sido inculpados en el tema de la criminalidad. Lo más grave de todo lo que ha suscitado los diálogos de la habana es que , lo que deja entrever el presidente Santos, difiere rotúndamente de lo que realmente se pondrá en práctica.

Por ejemplo. La mayoría de los colombianos presumen que el posconflicto se va a desarrollar en el campo en diferentes grupos que trabajarían por escalas salariales de acuerdo al nivel de educación y a la capacitación recibida posterior a la reinserción. (nos imaginamos que los de la habana asumirían la responsabilidad política de un nuevo partido socialista-comunista y el resto , los que están en pie de lucha, se concentrarían en las labores agrícolas y zonas rurales).

Pues no. Ahora resulta que lo mejor , según lo que plantea La coordinadora regional de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), María Isabel Barón , publicado en el diario El País, lo ideal es que los 17 mil y algo de guerrilleros -dependiendo lo que asuma el gobierno- se ubiquen en las ciudades cabeceras porque es la manera más fácil que pasen desapercibidos en vez de exponerlos al campo , donde sus vidas estarían en riesgo. (ver artículo)

Cali, explica María Isabel, es una ciudad clave para el posconflicto porque los caleños no han sufrido la guerra como en otras partes del país y la diversidad cultural permitiría asegurar el proyecto del posconflicto. Que irónico y desfazado plantear ante una comunidad golpeada por altos índices de criminalidad y que roza altos niveles de una economía informal por el desempleo , que los caleños tengan que “cuidar” a quienes nunca les ha importado la vida y honra de los colombianos.

Creo que la memoria de la coordinadora regional del posconflicto se le borró pues sus aseveraciones tienen un alto grado de presión gubernamental porque es imposible que se olvide que un abril del 2002 las Farc de la que habla que hay que respetar y , cuidar y darles de comer , no le importó asaltar la Asamblea Departamental a plena luz del día y secuestrar 12 diputados que luego de cinco años de cautiverio 11 fueron asesinados vílmente en hechos confusos atribuídos tanto al gobierno como a la guerrilla.

Que pena que la amnesia haya llegado en momentos tan cruciales y se olvide que la delincuencia , el narcotráfico y las organizaciones criminales que han sembrado el terror en la ciudad han sido producto de la descomposición social en cadena que ha reinado en el país y que creó alianzas , cárteles y una cultura del “traqueto” o “patrón” que culturalmente marcó a nivel mundial a los millones de colombianos y colombianas? ¿No fueron los guerrilleros quienes tomaron el poder y las riendas del narcotráfico y se convirtieron en el segundo grupo terrorista más adinerado con 10.500 millones de dólares de acuerdo a las investigaciones de la revista The Economist? Entiendase bien que el no estar de acuerdo con los postulados de la habana es porque queremos la guerra. No es así. Precisamente lo que ha faltado en el periodismo y los medios de comunicación son investigaciones serias y neutrales sobre el conflicto.

Cali es una de las ciudades que todavía tiene secuelas de los negocios ilegales que tanto el narcotráfico , paramilitares y guerrilleros sembraron los “patrones del mal” en los ochenta y parte de los noventas y ahora con el posconflicto , ¿se pretende sumar otra carga explosiva con el pretexto de que en Cali no ha habido violencia? Es una pena enorme que en cabeza de la Alcaldía y la Gobernación se empeñen en promover una paz que sólo traerá beneficios inmediatos en vez de crear foros sobre una paz verdadera fundados en principios éticos y morales y de justicia social para hacer de la ciudad la verdadera capital de la salsa en vez de la ciudad del posconflicto. ¿Acaso no han visto cómo en medellín y otras ciudades los ciudadanos luchan y protestan para que al menos el gobierno explique qué acuerdos ha firmado con la guerrilla?

Lo que expone la directora de la (ACR) María Isabel Barón es que Cali siendo una ciudad alegre , cultural y deportiva pese a los progresivos niveles de delincuencia que el mismo gobierno ha gestado por descuidar el país en materia de seguridad , es la ciudad que más está apoyando el plebiscito y acogerá más desmovilizados que en todo el país.

¿La razón? o ¿las razones ? van desde lo que plantean los promotores de la paz que discipulan a jóvenes de los barrios marginados hasta la presión política que día a día gana adeptos en el adoctrinamiento. Cali será una bomba de tiempo donde la intolerancia está a flor de piel y la juventud ,que en su mayoría está concentrada en los sitios periféricos de la ciudad , sólo ha encontrado en la “salsa” y grupos de baile el refugio para alejarse de las drogas y aliviar sus problemas económicos. Además , es una ciudad que no aguanta un desplazado más y es incierto el programa del posconflicto a no ser que apliquen las soluciones de ‘Laura en América’ y le otorguen a cada desmovilizado un “carrito” de dulces o de hamburguesas.

María Isabel Barón (izq) junto al Alcalde de Cali Maurice Armitage

Aunque paresca descabellada la presunción  el Alcalde Maurice Armitage adujo en la Asamblea que le suena la idea de convertir a Cali en una ciudad comercial de 24 horas. Como quiera que las encuestas dan un amplio margen de favoritismo para el (sí) al plebiscito y los partidos políticos siguen los lineamientos del gobierno  oficial, en el fondo existe un temor , un miedo que trasciende las laderas y montañas de los emblemáticos cerros de Cristo Rey y las Tres Cruces testigos de una ciudad que a ritmo de “salsa” , Chontaduro , raspado y pandebono enamora cada día a propios y extraños que pronto se tendrán que acostumbrar a una nueva vida. Aquella vida llena de fe y esperanza pero a sabiendas de que en medio del latente dolor de víctimas , asesinatos y guerras habrá ,entre la sociedad, un personaje más que describirá otras historias inéditas como las que se contaban en los tiempos de los “pájaros” y la violencia.

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