Hoy en día, el Medio Oriente sigue siendo la a región más explosiva del mundo actual. Ninguno de los conflictos han sido aún completamente solucionados.Por otra parte son inmensos los intereses económicos de los países desarrollados que presionan e intervienen en la región.

Razones de un conflicto que parece no tener fin.

Por : Juan José Postararo

“El hombre debe tener un momento de lucidez para, ante la presencia de un conflicto, poder aplicar el sentido de la racionalidad y de esta forma hallar el camino más apto en función de una futura solución. En un lenguaje más coloquial esto implica buscar una perspectiva diferente a las involucradas en el meollo para ejercer irracionalmente la vara de la justicia”

El reciente ataque a un convoy humanitario que transportaba alimentos de primera necesidad y medicamentos a la ciudad de Alepo ha puesto fin al último intento de acabar con la guerra en Siria, un conflicto que dura ya más de cinco años y que se ha cobrado la vida de unas 400.000 personas. Este atroz suceso puede tomarnos desprevenidos y hacernos elaborar comentarios o pensamientos un tanto desatinados. Para ello es importante aplicar el sentido de la racionalidad, repasar la historia y ejercitar la mirada crítica.

Analizamos entonces el génesis de este conflicto, que no es actual y se compone ya de varios capítulos.

Trasladémonos al año 1947, precisamente al 29 de noviembre. La ONU establece (bajo el guiño positivo tanto de los Estados Unidos como por la mayoría de los países latinoamericanos y la URSS) la constitución en la Franja de Gaza de dos Estados, el de Israel y Palestina. Esta resolución no mencionaba al Estado de Israel (que no existía entonces) ni a los palestinos (que en ese momento eran denominados “árabes de Palestina”). Lo que indicaba era dividir el Mandato británico en dos partes, una sería judía y otra sería árabe.

 La Agencia Judía aceptó y en mayo de 1948, cuando el Imperio Británico era sombra de su sombra y emprendía la retirada, los judíos proclamaron su Estado al cual dieron el nombre de Israel. Pero la monarquía árabe de la época (marionetas del Imperio inglés) rechaza la resolución de la ONU, considerándola “injusta en su repartición”, omiten el gesto de paz de David Ben Gurión y optan por la guerra, como única solución al conflicto. Inicia así la primera de una sucesión de batallas. En esta es Israel el que sale vencedor. Aun así los árabes desisten de firmar la paz y tampoco consienten un armisticio. Posteriormente, hubo –aparte de continuas escaramuzas- guerras en 1956, 1967, 1973 y 1982.

 La de 1967, conocida como “la Guerra de los Seis Días”, es quizás la más influyente para analizas lo que sucede hoy. Entonces el ejército israelí ocupó Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí. Por ello, en nuestros días, se refiere a esas zonas como ‘territorios ocupados’, pues fueron porciones de tierra que la ONU no le entregó al nuevo Estado judío. Israel devolvió el Sinaí totalmente en 1982, tras un tratado de paz que firmó con Egipto en 1978. El resto de territorios siguieron ocupados. Algunos oradores erróneamente los citan “colonias judías”, siendo que son en realidad ciudades (algunas como Sderot -demasiado cerca de Gaza- atacada desde hace muchos años por cohetes y misiles procedentes de edificios palestinos en Gaza es, claramente, una ciudad).

Existieron ráfagas en la que la razón pareció ganar terreno.

Basta recordar las negociaciones a comienzos de los 90 (en Madrid y Oslo) y en 1993 con el famoso apretón de manos entre Isaac Rabin y Yasser Arafat, bajo el auspicio de Bill Clinton.

Claro está que esto no implico el fin del conflicto, sino el comienzo de la ruta para ir al fin, que es distinto. La pugna se encarniza desde el año 2001. Miles de proyectiles, algunos de fabricación casera y otros “no tanto” han caído sobre poblaciones del Sur de Israel, causando grandes daños materiales y pocas víctimas, debido a las precauciones que toma Israel para defender a su población civil y a la gran cantidad de refugios construidos.

Los palestinos tuvieron una nueva oportunidad para constituir un gobierno de unidad nacional. En 2005 Israel desalojó el territorio de Gaza, sacando a sus soldados e incluso echando por la fuerza a los judíos ultra ortodoxos que se habían establecido allí. Pero la insurrección de antinomias locales (el grupo terrorista Hamas – que responde al fundamentalismo iraní – obligó a huir a los militantes de Al-Fataj, el grupo creado por Yaser Arafat) impidieron la conciliación y los disparos contra territorio israelí no sólo no disminuyeron sino que se intensificaron.

En conclusión, es menester hacer una bisectriz en este conflicto. Separar claramente las posturas. Por una lado no se puede justificar los graves errores cometidos desde ambas latitudes. Los palestinos son responsables al no poder preservar su unidad. Y sus sectores integristas (Hamás, la Yihad Islámica) lo son de haber cometido, a su vez, magnos y atroces crímenes, como los atentados suicidas o los misiles de Hamás contra civiles, que son a su vez inhumanos y absurdos. Pero acaso Israel posee, también, su cuota de culpabilidad. Basta recordar los violentos desalojos de 1946 de la población rural originaria, que fue expulsada hacia tierras marginales (Gaza y Cisjordania). O el incurrir frecuentemente, y de manera desvergonzada, en represalias furiosas vulnerando el Derecho Internacional o los Convenios de Ginebra, por caso. Y sin ir tan lejos, se repudia también el accionar en los últimos años en Gaza, donde se ataca población civil o no se deja entrar ayuda a hospitales.

Es posible, quizás, que si los árabes hubieran aceptado la resolución de 1947, hoy existiría ese Estado musulmán, con la misma antigüedad que el de Israel, que pese a los continuos conflictos en sus 60 años de existencia, logró convertirse en el único estado democrático en todo Oriente Medio. Hizo la paz con Egipto y con Jordania, devolviendo territorios y anhela lo mismo con Siria y Líbano. Incluso, si la historia hubiera tomado otro camino, consecuentes de la fatalidad de las leyes económicas, podemos imaginar que palestinos y julios estarían vinculados estrechamente entre sí.

Cuando la imagen de un niño mutilado por una bomba, un hospital destruido por ataques aéreos o las cifras de muertos civiles, que se multiplican por centenas, invaden los medios de comunicación se hace dificultoso que la razón domine el sentimiento. Pero es importante ejercitar la sensatez para reflexionar, entender y analizar los vaivenes de un mundo que cada parece desgranarse un poco más.


Juan José Postararo es un Periodista con conocimientos en Producción Radial y Televisiva. Cuenta con experiencia en prensa escrita, comunicación interna y relaciones comerciales y orientación Deportiva.

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