Los presidenciables de Colombia

 por Ricardo Angoso

rangoso@iniciativaradical.org

@ricardoangoso

Cuando quedan bastantes meses de tener que soportar (todavía) a nuestro Premio Nobel de la Paz y comandante en jefe, Juan Manuel Santos, ya ha comenzado la carrera presidencial, si es que se le puede llamar así, y ya se perfilan en el escenario político varios presidenciables. El panorama no puede ser más desolador y no augura nada bueno para el país. Parece un deja vu de la vieja política, nada nuevo bajo el sol en definitiva, y más de los mismo. Los mismos apellidos, la misma arrogancia, la misma prepotencia, el mismo desdén hacia los ciudadanos, los mismos cachetazos a los escoltas.

El primero en lanzarse en esta carrera hacia la presidencia, es el vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras, genuino representante del despotismo criollo y máximo exponente de la rancia (y decadente) oligarquía bogotana. Una de sus poses más conocidas (y tontas) es esa en las que se pone las manos en cabeza en forma como de V invertida y regala casas, que no son suyas sino del Estado, a unos pobres infelices. Descendiente de una familia que lleva chupando del bote toda la vida, y gozando de todos los beneficios de un sistema injusto y medieval, Vargas Lleras es ya precandidato y parecer gozar del apoyo y simpatía del Establecimiento colombiano. Tiene todas las cartas para ser un buen candidato, pues no ha hecho nunca nada más que vivir de su apellido, y hoy es la esperanza para aquellos que quieren que en el país todo siga igual, mientras ellos sigan participando del saqueo de la Nación, y de los lameculos a sueldo de este gobierno que se venden al mejor postor por un plato de lentejas. Cuánta miseria política.

El año pasado, como regalo de lo que está por venir, Vargas Lleras se despachó a mamporros con un escolta y los escribidores a sueldo del gobierno, que copan casi todos los medios del país, le rieron las gracias e incluso lo definieron como una “riña entre coequiperos”. Qué desvergüenza reina en Colombia. Estamos en el reino de la impostura y de la infamia, donde lo que en otro país le hubiera llevado a la dimisión a cualquier cargo público aquí es motivo egregio para entrar en campaña e incluso situarse en puesto de salida con posibilidades de éxito.

Luego está, por el Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, personaje gris, triste, aburrido y anodino allá donde los haya. Seguramente es un buen hombre, eso nadie lo duda, pero es lo más anticarismático que se haya visto sobre la tierra en los últimos siglos. Zuluaga, seguramente, sería un buen gestor, hasta menos despilfarrador que el actual presidente, pero para ocupar la máxima magistratura de Colombia parece que hacen falta más cosas, como tenerlos bien puestos para poner coto a tanto ladrón, corrupto, saqueador, hampón y terrorista que campan a sus anchas por esta largo millón de kilómetros cuadrados que tiene este país.

También está la nueva apuesta de Alvaro Uribe, Iván Duque, buen economista, sólido argumentador y bien formado. Sin embargo, son muchos los que dudan de su autenticidad y se le señalan extrañas compañías políticas que podrían llevar a una nueva traición al máximo líder. Desdeñado por algunos sectores del Centro Democrático, que le acusan de arribista y otros epítetos que no vienen al caso, no parece ser el candidato de consenso que esta formación política necesita para ganar las próximas elecciones y dar después la batalla para reconstruir el país tras ocho años perdidos de desgobierno, tontadas por miles y una aguda recesión económica que ya se presiente con fuerza. Veremos qué pasa.

PARA SALIR CORRIENDO: CLAUDIA LÓPEZ

Claudia López, la única mujer en esta áspera lucha que se prevé larga, sería la candidata de la Alianza Verde. Demagoga, vociferante y típica representante de las vendedoras de mercado, por su estilo dicharachero y gritón, se cree el martillo de la derecha, ¡ya quisiera!, y no es más que una burda caricatura de la rancia clase alta bogotana. Va de progre, o al menos eso dice, y en sus discursos -insufribles, peor incluso que escuchar a Santos- nos habla como si fuéramos tontos o ignorantes, o ambas cosas a la vez. Qué lástima de mujer, qué gran actriz se ha perdido la industria del cine colombiano para la eternidad. Cuanto más grita, menos ganas de votarla.

Otro que parece que se lanzará es el ex Procurador General de la República, Alejandro Ordóñez, lefrebvriano e integrista católico radical, es un hombre que se mueve entre las ideas radicales y  el pensamiento político reaccionario. Pero, a  su vez, Ordóñez es sincero, coherente y nada amigo de las componendas y las comedias, tan habituales en esta Colombia desdibujada por la mentira, la corrupción moral y ética y el transfugismo sin mácula de rencor o vergüenza. El único problema es que las elecciones se ganan desde el centro, intentando atraer a electores que incluso no están en tu cuerda política, y con un poco de tacto, respeto y tolerancia, tres características que no son las principales del personaje que nos ocupa. Sería un buen candidato si no fuera porque se le va mano con la ideología. Aunque quien sabe, si ganó Trump en Estados Unidos ¿por qué no Ordóñez en Colombia?

Por último, aunque en la nomina habría más candidatos y la lista no deja de aumentar, estaría el senador de izquierdas Jorge Enrique Robledo, del Polo Democrático, para mí el mejor candidato de la derecha decente para este país. ¿Por qué digo de la derecha? Porque Robledo es honrado, trabajador, no pega a sus escoltas, no grita a sus colaboradores y, sobre todo, porque no dice las sandeces típicas de los ministros de Santos y los aduladores a sueldo de este gobierno mezquino, mediocre, zalamero e ignorante. Robledo es un hombre preparado, sabe de economía, maneja los datos con soltura, habla con un estilo sombrío y entendible, pisa la calle y conoce a la gente, algo que en Colombia no es poco.

Los poderosos de Colombia, que en su vida han salido del Parque de la 93, no conocen la calle y dicen boludeces al estilo de las que pronunció el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Alberto Moreno, quien asegura que en el país abunda el pesimismo mientras que en el exterior no paran de hablar bien de Colombia, que es como una suerte de Disneylandia en grande. ¡Qué tonterías se pueden decir desde un cómodo despacho en Washington! El día que este señor pise la Carrera Séptima de Bogotá a las diez de la noche entenderá muchas cosas sobre su país. Robledo no es de esos: conoce la tierra donde pisa y, por eso, en el ejercicio de gobierno seguramente (¿?) no hará pendejadas. Lo dicho, el mejor voto a la derecha para Robledo, por lo menos no parece un saqueador profesional y tiene aspecto de honesto. ¿Será así realmente?

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