Justicia especial de paz, una crucifixión de la justicia colombiana


Hay demasiada coincidencia entre la fabricación del nuevo tribunal para el juzgamiento de delitos de guerra en el postconflicto y la escandalosa crisis de la justicia. La democracia está herida de muerte, que sangra por la vena mayor (aórtica) de uno de los tres poderes que soportaban su majestad moribunda.

Lista crucifixión de justicia colombiana
Por: Gabriel Ángel Ardila/ Colombia



No es muy aventurado poner malicia, cuando menos, en la generosa mano de los que facilitaron la detonación del escándalo judicial, con trampas en las que cayó cándidamente el fiscal anticorrupción. Investigadores heroicos de los Estados Unidos le tienden trampa y este funcionario también investigador, jefe de todo el aparato colombiano contra la corrupción, se doblega ante una oferta económica y se traga mansamente la carnada que lo pondría en la picota pública y tras las rejas. Cae y reconoce sus culpas, prendiendo el ventilador. Se lleva al presidente de la Corte Suprema y a otros socios de ese cartel de togados denunciado por el Fiscal General de la Nación. No puede ser casual todo eso.


Si: parece el arranque de una tragedia cinematográfica, escrita para el derrumbamiento del aparato judicial, que ya tiene en montaje un tribunal de justicia especial para la paz, con 56 candidatos a nuevos magistrados en eso, provenientes no solo de filas regulares del esquema jurídico colombiano, sino de otros muy oportunos sectores que toman ahí lugar y protagonismo. Eso, para el esquema de estreno, es extremadamente afortunado y propiciatorio: de telenovela o de película.

La arremetida ha inmovilizado al poder judicial. No tiene ni cara, ni vergüenzas de dolientes para responder. Y los que rodean todo eso, no es que luzcan solidarios y ni siquiera abismados: hay demasiada cizaña, de actitud y de omisión, posturas que denunciarían más malicia. La maquinación de un asalto a la justicia, es ahora peor que la toma del Palacio por cuenta de un bando extremista donde se inmoló a la cúpula de ese poder y le ungió como víctima: ahora está herida, pero en el banquillo, lista para su crucifixión.

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