Al menos 31 personas han muerto y otras 20.000 han sido evacuadas debido a más de una veintena de incendios forestales que continúan avanzando por el estado de California, en el oeste de Estados Unidos.

EPNew York/ Internacional/ Varios de los fallecidos han aparecido en la ciudad vinícola de Santa Rosa, pero el número probablemente aumentará en las próximas horas, según fuentes del Departamento de Bomberos a la cadena estadounidense CNN, ya que solo en el condado de Sonoma se recibieron más de 240 informes de personas desaparecidas de las que solo se ha encontrado a 57 con vida.

El fuego ha devastado unas 69.000 hectáreas y destruido unas 3.500 construcciones. Aunque no se ha determinado completamente la causa de los incendios, se cree que fueron provocados por líneas eléctricas derribadas por fuertes vientos.

El gobernador de California, Jerry Brown, ha declarado el estado de emergencia para los condados de Napa, Sonoma y Yuba debido a la amenaza que suponen los incendios para “miles de hogares”.

Asimismo, ha informado de que al menos 8.000 bomberos se encuentran desplegados en diferentes puntos del estado en un intento por sofocar las llamas. Las autoridades también han enviado una treintena de aviones cisternas y 73 helicópteros a las áreas más afectadas.

Los incendios “han dañado y siguen amenazando las infraestructuras y han provocado el cierre de las principales autopistas y carreteras locales”, ha indicado Brown.

Hasta este viernes, más de 2.000 propiedades fueron destruidas por las lenguas de fuego que se propagaron a gran velocidad Un fenómeno de la zona conocido como “vientos del diablo”, que suelen soplar en el otoño boreal en el norte de California se empecinó para agravarlo. .

Desde el domingo, la brusca llegada de las ráfagas de aire seco y cálido a la región del vino, en los condados de Napa y Sonoma, tomó a muchos por sorpresa, a otros dormidos y las llamas hicieron lo suyo. Bosques quemados, comunidades en peligro, huidas masivas ante el avance del fuego impulsado por ráfagas de viento de más de 110 kilómetros por hora. Así, los incendios se extendieron, dejaron comunidades enteras reducidas a cenizas y han llegado a ser prácticamente incontrolables.

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    Al menos 31 personas perdieron la vida, muchas completamente calcinadas, más de 600 están desparecidas y más 2.000 propiedades han sido destruidas, según recuentos preliminares de las autoridades locales.
    Más de 30.000 residentes fueron evacuados, más de 91.000 casas y negocios quedaron sin electricidad y unas 30.000 hectáreas de terreno fueron arrasadas por las llamas. Es el incendio más mortífero en la historia de California desde que se lleva registro.
    Ya superó, incluso, la “Tormenta de fuego de Oakland”, en 1991, que dejó 25 fallecidos.
    De las numerosas bocas de fuego, la más grave, es la que acecha a la localidad de Santa Rosa, a 90 kilómetros al norte de San Francisco, que solo estaba controlado en un 10% y calcinó 14.000 hectáreas. Con las llamas acosando la bahía, San Francisco el humo casi que se huele en la gran ciudad. Las autoridades de San Francisco recomendaron no airear las casas ni hacer ejercicio al aire libre ante el denso humo en el ambiente. El gobernador de California, Jerry Brown, definió con claridad la situación: “Hemos tenido grandes incendios en el pasado. Este es uno de los más grandes, de los más serios. Y no se ha terminado”. Más de 8.000 bomberos y brigadistas daban batalla este viernes a un conjunto de 21 fuegos activos en California.

   

   

 

 

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