Discurso de odio “mece” la cuna de la independencia de Calaluña

Los nacionalisas catalanes sabían que de la mentira y el odio se obtienen más réditos políticos que de la cruda realidad y la concordia entre todos los ciudadanos. De aquellos barros, de ese discurso construido sobre la mezquindaz y el racismo en estado puro, vienen estos lodos, y así estamos, atrapados en este callejón sin salida.

por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

 Unos manifestantes portan unos globos con unos cerdos bajo el rótulo “españoles”, defendiendo la independencia de Cataluña y atacando con sus eslogánes a sus propios vecinos no nacionalistas. La columnista, periodista y antigua dirigente nacionalista Pilar Rahola asegura vehemente que “los españoles me repugnan como el olor a pescado”. Le dan asco los españoles, huelen mal según Rahola, lo mismo que le pasaba al máximo jefe de los SS de Hitler, Heinrich Himmler, con los judíos, quienes le daban profundo asco esos “seres nausebundos” y “subhumanos” que se reproducían como ratas. La tal Rahola, progre de pedigrí inmaculado e intelectual orgánica del régimen nacionalsocialista catalán, escribe en el también progresista y democrático diario La Vanguardia. ¿Se imaginan a un líder del Ku Klux Klan escrbiendo en las páginas de The New York Times hablando en ese tono sobre los afroamericanos?

En el mismo orden de cosas, el actor y humorista David Rovira asegura que se avergüenza de ser español, pero no de que la chusma catalanista acose las sedes de los partidos demócratas en Cataluña o de que la gente grite consignas de corte racista contra los españoles en los aquelarres nacionalistas. La alcaldesa de Barcelona, que siempre ha asegurado que odia a los policías, militares y sacerdotes, ha acusado a los policías y guardias civiles que defendieron la legalidad democrática durante las jornadas previas y ulteriores al sainete independendista que algunos miembros de estos cuerpos de seguridad cometieron “agresiones sexuales”. ¿Se puede caer tan bajo?

Paralelamente a este discurso del odio, atizado desde las instituciones catalanas, se acosan a los hijos de los policías que viven en Cataluña. Se les intenta expulsar de los colegios y enviarlos a otros centros donde sólo van “españoles”. Que se vayan a un gheto y se mueran para siempre. ¿Varsovia, 1939? No, Barcelona, en el 2017. En un restaurante, una turba enloquecida intenta expulsar a gritos y e insultos a un grupo de representantes civiles del gobierno español que almorzaban tranquilamente sin dar la nota. El dueño acabó cediendo, les cambió de lugar a los enérgumenos y pidió al séquito de agraviados que se fuera cuanto antes, que apestaban a subhumanos. Le daba vergüenza servir a “españoles”, los nuevos apestados del siglo XXI. Los hoteles catalanes que acogen a policías en estos días son presionados para que les expulsen e ignominiosamente ceden ¡y les echan a la calle como perros!

EL NACIONALISMO CATALÁN, ENTRE TERRORISTAS Y NAZIS

En la fiesta nacional de Cataluña, la Diada -la celebración de una gran derrota- el ex terrorista confeso, convicto de varios secuestros y justificador de lo insjustificable, como el asesinato de decenas de niños a manos de ETA en los ataques a los cuarteles, se pasea, pavonea y fotografía con los manifestantes como si fuera un líder homologado internacionalmente. Pues no, no es nada de eso: es un vulgar asesino y un terrorista por mucho que le quieran dar pábulo a la criminalidad. Tiene las manos manchadas de sangre, incluso de catalanes, y su presencia nos sitúa en manos de quien está el mal llamado proceso catalán.

Hasta un nazi públicamente reconocido y orgulloso de su pasado revisionista, el consultor de las Naciones Unidas Alfred Zayas, ha apoyado el proceso catalán y el nacimiento de la nueva nación. No es de extrañar que Zayas, un tipejo que niega el Holocausto y ataca sin piedad a Churchill por sus “crímenes contra la humanidad”, se haya adherido a la causa catalana. ¿Dónde mejor podría estar Zayas que acompañado por los pupilos de su Führer y asesinos de la peor especie como Otegui? Está como en su casa, entre nazis, terroristas y racistas.

La televisión oficial catalana, TV3, en un gesto más propio de los medios hitlerianos que de un medio democrático y moderno, acusa de “fascistas” a los españoles que se manifiestan en defensa de la legalidad y asegura que “la Falange -partido fascista-” está detrás de las marchas. Porque, como decía su gran maestro Joseph Goebbels, “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”. Aquí ya no hay periodismo, sino burda propaganda al servicio de la causa.

¿Cómo se ha llegado a este punto? El nacionalismo catalán, que se hizo con el poder en esta parte de España en el año 1977, ha incubado en estos cuarenta años un discurso basado en el odio, la persecución a todo lo que huela a “español” y fomentando la división del país entre “buenos” y “malos” catalanes, entre los que hablaban catalán y los que hablaban español. En definitiva, la división era entre los que practicaban el culto al odio inculcado desde la más tierna infancia a los niños y jóvenes y los que, simplemente, se sentían españoles y catalanes al mismo tiempo, una idea inconcebible para la caverna nacionalista. Así utilizaron políticamente a los niños, de una forma demencial que pasará a la historia de la infamia, poniéndolos entre los que cometían delitos en estos días y las fuerzas de seguridad que actuaban en cumplimiento del orden establecido evitando la dichosa consulta.

Al Igual que Hitler cuando llegó al poder, en 1933, el régimen nacionalsocialista catalán dio especial importancia al control y adoctrinamiento de la población. El odio, la manipulación falaz, la tegiversación de la historia, el monopolio de la educación y la cultura, la falsificación del relato de la Transición y la reivindicación permanente del victimismo como una forma de hacer política -la famosa consigna repetida una y mil veces de “España nos roba”-, fueron las características de este período de adoctrinamiento colectivo de todo un país que ha llevado a este encerrona. Todo ello junto con una permanente tensión con el Estado para siempre aparecer como los vapuleados por una historia que se habían construido a su manera para servir a sus espurios intereses; sabían que de la mentira y el odio se obtienen más réditos políticos que de la cruda realidad y la concordia entre todos los ciudadanos. De aquellos barros, de ese discurso construido sobre la mezquindaz y el racismo en estado puro, vienen estos lodos, y así estamos, atrapados en este callejón sin salida. 

 

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