LA IZQUIERDA CONTRA ESPAÑA

por Ricardo Angoso

Se nota la alegría en la izquierda, en la progresía en general, por la destrucción de España. Se percibe  esa satisfacción en las sonrisas, en los gestos bobalicones   y en los comentarios “objetivos” de los izquierdosos profesionales. Siempre nos odiaron, a los españoles y a su proyecto colectivo, y anhelaban este momento como agua de mayo. La felonía, el golpismo y la traición del nacionalismo catalán a España, a la Madre Patria, les ha venido como anillo al dedo para cumplir con sus espurias pesadillas.

Su mezquindad, su arrogancia intelectual y su miseria moral, junto con sus frustraciones propias inherentes a su inutilidad congénita para crear algo y vertebrar un discurso positivo, les guían en su existencia. Son su brújula en su mediocre camino, el signo que les define: la estupidez manifiesta y el odio como forma de  vida. No tienen nada más que ofrecer, pobres, por eso son de izquierdas: porque no pueden ser otra cosa peor.

El diario peronista Página 12, ensalzador del terrorismo montonero y condesciente hacia la barbarie terrorista -sea del signo que sea, islamista o etarra-, intenta reflejar el desafío del nacionalismo radical catalán como una lucha fratricida entre una dictadura española genocida, brutal y terrorífica contra una pueblo valiente -el catalán, claro- que tan sólo quiere hacer valer sus derechos. Los españoles somos unos asesinos desalmados en potencia para cierta izquierda. Así nos pintan, así nos ven.

Nicolás Maduro, el sátrapa e impresentable dictador que ha llevado a Venezuela al reino de la miseria más hedionda jamás vista, ha reconocido el derecho de Cataluña a la independencia e insulta al gobierno español, a sus instituciones, a sus representantes e incluso al Rey de España de una forma grosera y burda -fiel a su estilo, todo hay que decirlo-, y culpa a los españoles del “genocidio” contra los americanos y ahora contra los catalanes. Somos despreciables, según Maduro, no tenemos derecho a la vida. Lo mismo que Maduro piensan el terrorista Arnaldo Otegui -líder máximo de ETA- y el consultor de las Naciones Unidas Alfred Zayas -conocido por sus ideas nazis y negar el asesinato de seis millones de judíos en el Holocausto-; ya se sabe, los extremos se tocan.

ENTRE NACIONALISTAS, NAZIS, IZQUIERDISTAS Y DEMÁS RALEA

En Barcelona, un grupo de progresistas e izquierdistas portan unos globos con unos cerdos bajo el rótulo “españoles”, defendiendo la independencia de Cataluña y atacando con sus eslogánes a sus propios vecinos no nacionalistas. La columnista, periodista y antigua dirigente nacionalista Pilar Rahola asegura vehemente que “los españoles me repugnan como el olor a pescado”. Le dan asco los españoles, huelen mal según Rahola, lo mismo que le pasaba al máximo jefe de los SS de Hitler, Heinrich Himmler, con los judíos, quienes le daban profundo asco esos “seres nausebundos” y “subhumanos” que se reproducían como ratas.

La tal Rahola, progre de pedigrí inmaculado e intelectual orgánica del régimen nacionalsocialista catalán, escribe en el también progresista y democrático diario La Vanguardia. Y el también periodista de talante progresista -hay una auténtica plaga de progretas- Andrés Openheimer invita a Rahola a la CNN como fuente fiable para hablar del problema catalán y alardea de su amistad con ella; incluso se van de copas y cenan juntos en Barcelona cuando este personaje visita Catalonia. ¿Se imaginan a un líder del Ku Klux Klan escribiendo en las páginas de The New York Times yhablando en ese tono sobre los afroamericanos? ¿Se imaginan a Adolfo Hitler de tertuliano en la CNN?


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Mientras en Colombia, el peor alcalde de la historia de Bogotá, el ex terrorista Gustavo Petro, un tira tiros al estilo del Che Gevara pero que fue detenido a tiempo, también se apunta a la bacanal independentista y viaja hasta Barcelona  a sumarse a las fuerzas bolcheviques catalanistas. No le bastó con hundir a la capital colombiana en la mayor de las miserías y convertir a Bogotá en un mierdero -con perdón de la audiencia-, sino que tuvo que viajar hasta España para insultarnos, faltarnos el respeto y unirse a las fanáticas hordas que blandiendo sus banderas sueñan con crear una suerte de engendro rojinegro desde donde construir todas sus pesadillas de terror, muerte, destrucción y miseria.

La izquierda nunca construyó nada, es un desastre, allá donde gobierna sólo quedan los restos de la hecatombe que genera, como si hubiera pasado un destructivo huracán o hubiera habido un demoledor terremoto. Petro en su vida fue capaz de construir nada o de abrir un negocio, ni siquiera un quiosco, pero sí de convertir a una ciudad como Bogotá en un erial. Es un inútil total, un izquierdista profesional henchido de odio y retórica barata sacada de los manuales de prehistoria marxista.

En el mismo orden de cosas, el actor y humorista también progresista David Rovira asegura que se avergüenza de ser español, pero no de que la chusma catalanista acose las sedes de los partidos demócratas en Cataluña o de que la gente grite consignas de corte racista contra los españoles en los aquelarres nacionalistas. Tampoco se avergüenza de las secciones de asalto nacionalsocialistas catalanas que insultan y expulsan a los niños que hablan español en las nuevas escuelas abiertas por el régimen neonazi de Barcelona.

La alcaldesa de Barcelona, la izquierdista Ada Colau, que siempre ha asegurado que odia a los policías, militares y sacerdotes, ha acusado a los policías y guardias civiles que defendieron la legalidad democrática durante las jornadas previas y ulteriores al sainete independendista que algunos miembros de estos cuerpos de seguridad cometieron “agresiones sexuales”. ¿Se puede caer tan bajo como esta defensora de “okupas”, terroristas y fanáticos racistas? Qué tropa. Continuará.

 

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