Violento ataque de ISIS con bombas y armas en mezquita repleta de fieles en Egipto

El terror ha golpeado este viernes, el día consagrado a la oración en el islam, una mezquita repleta de fieles en Bir al Abed, 40 kilómetros al oeste de la ciudad de El Arish, epicentro de la franquicia egipcia del Estado Islámico en el norte del Sinaí. La prensa de El Cairo informa de que al menos 300 personas han muerto y otras 120 han resultado heridas en el atentado contra el templo musulmán de Al Raudá en pleno rezo central del mediodía, según fuentes de seguridad y del Ministerio de Sanidad de Egipto. Se trata de la acción terrorista más sangrienta registrada en el país , ha escrito Juan Carlos Sanz , corresponsal de El Paíi Internacional de España.

EP New York/ Agencias / Al menos 300 fieles que asistían a la plegaria semanal en una mezquita de la región egipcia de Sinaí (este) murieron este viernes a manos de hombres armados, en el ataque más mortífero en la historia reciente de Egipto.

El presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, prometió una respuesta “brutal” a este atentado, aún no reivindicado, que dejó igualmente mas de 120 heridos.

“Las fuerzas armadas y la policía vengarán a nuestros mártires”, declaró Sisi.

El ejército del aire “destruyó varios vehículos utilizados en el ataque” y “atacó varios puntos terroristas que contenían armas y municiones”, anunció por la noche el portavoz del ejército, Tamer El Refaï.

Tras las explosiones los terroristas dispararon a las personas que intentaban escapar del templo sagrado de Al-Rawdah.
En la provincia de Sinaí del Norte opera la rama egipcia del Estado Islámico, llamada Wilayat Sina, que se ha atribuido la mayoría de los ataques ocurridos en los últimos años en El Cairo El presidente egipcio, Abdel Fatah al-Sisi, declaró tres días de luto nacional y reunió hoy al Comité de Seguridad Nacional. Al-Sisi prometió responder con “una fuerza brutal” para “vengar a los mártires”, en una jornada en la que aviones de combate de la Fuerza Aérea lanzaron bombardeos en las zonas montañosas cercanas a Bir al Abed, donde al parecer pudieron esconderse los autores del brutal atentado.

Después de las fuerzas de seguridad, los turistas y los cristianos, ahora han sido víctimas del ISIS los místicos sufíes.
En su guerra total contra Al-Sisi, la rama egipcia de Estado Islámico se ha dirigido así a otro componente de la sociedad egipcia.

Según trascendió, el imán de la mezquita golpeada por el ataque, organizaba dos veces por semana jornadas de culto sufí y había recibido recientemente amenazas que apuntaban a detenerlo. El mismo prelado habría sido alcanzado por unos veinte disparos.

El sufismo es una doctrina y una disciplina de perfeccionamiento espiritual islámico que apunta a preservar la comunidad del riesgo de un endurecimiento de la fe. Para el ISIS, sin embargo, son “apóstatas”, fieles que abandonaron el Islam.

Hubo ataques contra el ejército y la policía en el Sinaí, mientras turistas en El Cairo y el valle del Nilo, así como la comunidad cristiana copta, también fueron objeto de ataques terroristas. Además, hace casi dos años, un avión ruso con 224 ocupantes a bordo se estrelló en el Sinaí a causa de una explosión cuando acababa de despegar de la ciudad turística de Sharm el Sheij, a orillas del mar Rojo.

No hubo sobrevivientes en ese ataque. Asimismo, el ISIS decapitó el año pasado a un jeque local sufí, tras ser acusado de hereje. Se sabe que muchos fieles del sufismo fueron secuestrados por bandas relacionadas con el Estado Islámico.
Hubo liberaciones para quienes declararon que renunciaban a su fe. 

Relato de una violencia que no para

El imam apenas había llegado al altar de la mezquita para dar su sermón cuando comenzó un intenso tiroteo y Ebid Salem Mansour sabía exactamente lo que estaba pasando.

“Sabíamos que (extremistas) atacaban la mezquita”, dijo el sábado, un día después del atentado, al brindar un detallado relato del ataque más letal en la historia moderna de Egipto de extremistas islámicos en contra de civiles.

Al menos 305 personas murieron y más de 120 resultaron heridas durante el atentado del viernes dentro de una mezquita repleta de feligreses en la conflictiva región del norte del Sinaí, un oscuro hito en la brutal lucha de Egipto en contra de extremistas cada vez más osados.

Aviones de combate egipcios entraron el sábado en acción sobre Sinaí y atacaron varios vehículos en los que viajaban algunos de los perpetradores, según el ejército. Todos los ocupantes de los vehículos murieron. Fue imposible verificar de manera independiente la afirmación ya que en Sinaí está prácticamente prohibido el trabajo de la prensa.

Testigos que hablaron con The Associated Press en la ciudad de Ismailía, en el Canal de Suez, a donde se trasladó a algunos de los heridos, relataron horrendas escenas durante los cerca de 20 minutos que les tomó a los extremistas asesinar y mutilar a los feligreses. Contaron de personas que saltaron por ventanas, de estampidas en un pasillo que lleva a los baños, y de los gritos de niños horrorizados. Algunos contaron como apenas lograron escapar de una muerte segura, otros de familias que perdieron a todos, o a casi todos, sus miembros varones.

Mansour, un trabajador de 38 años en una cercana fábrica de sal, dijo que se instaló hace tres años en Bir al-Abd, un pequeño pueblo ubicado cerca del lugar del atentado, para escapar de la violencia y los combates que ocurren en otros sitios del norte de Sinaí. Sufrió dos heridas de bala en las piernas.

“Todos se lanzaron al piso y mantuvieron la cabeza abajo. Si la levantabas te disparaban”, dijo. “El tiroteo fue al azar y frenético desde el principio, y después fue más deliberado. Mataban a todos aquellos que no estaban seguros de que estuvieran muertos o si seguían respirando”.

Los extremistas gritaban Allahu Akbar, Dios es grande, y los niños lloraban, contó Mansour.

“Sabía que estaba herido, pero me encontraba en una situación mucho más aterradora. Estaba a segundos de una muerte segura”, comentó. Durante el tiroteo, muchos de los feligreses hicieron una última oración, añadió.

El ataque del viernes fue en contra de una mezquita frecuentada por sufíes, miembros de un movimiento místico dentro del Islam. Los extremistas islámicos, incluyendo a la rama local del grupo Estado Islámico consideran a los sufíes herejes debido a sus interpretaciones menos literales de la fe.

El presidente Abdel-Fattah el-Sissi prometió que el ataque “no resultará impune” y que Egipto perseverará en su guerra contra el terrorismo.

 

 

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