“La terquedad de Santos, por no hablar de su complicidad con el narcorégimen de Maduro, junto con la incapacidad de su Canciller, son los responsables de de la tragedia que están viviendo millones de venezolanos y que, por ende, también afecta a Colombia”.

“Yo creo que lo único positivo del gobierno de Santos es que ha provocado una crisis tan terrible en todos los órdenes que nos va a llevar a reinventarnos como nación”.


De haber tenido una hija, el expresidente Alvaro Uribe hubiera querido que hubiera sido como Paola Holguín. Esta mujer de 44 años, ex periodista, experta en Seguridad y Defensa y ahora Senadora de la República, aspira ahora a repetir su mandato en el legislativo colombiano y continuar su carrera en las filas del Centro Democrático que fundara Uribe. Mujer de fuertes convicciones y sin pelos en la lengua, defiende con vehemencia sus ideas y, sin duda, tiene un prometedor futuro, junto a otras mujeres, en la política de Colombia.

La “hija” predilecta de Uribe

ENTREVISTA A PAOLA HOLGUIN

SENADORA DEL CENTRO DEMOCRÁTICO

por Ricardo Angoso

Ricardo Angoso: ¿Cómo va la campaña, cómo reciben al Centro Democrático?

Paola Holguín: Todo va muy bien, la gente nos recibe de maravilla. Yo creo que el Centro Democrático se ha convertido en estas elecciones en el partido de la esperanza. Nos hemos erigido en el partido que es el muro de contención para evitar que algunos conviertan a Colombia en otra Venezuela. Creo que la ciudadanía ha percibido que pese a ser un partido con pocos representantes en las instituciones hemos hecho un gran trabajo de oposición y ha sido una formación propositiva con ideas y propuestas. Tuvimos una bancada de representantes coherente, juiciosa, trabajadora y siempre atenta a nuestro trabajo.Ahora estamos recogiendo nuestros frutos porque la gente es generosa y receptiva hacia nuestro partido por el trabajo bien hecho.

LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

R.A.:¿Qué se puede hacer frente a la corrupción?

P.H.: Yo creo que lo primero que tenemos que entender es que la corrupción se convirtió en un mal endémico, una suerte de pandemia que no sólo afecta a la clase política, sino que es un círculo vicioso,  ya que muchas veces el político corrupto llega al poder con votos comprados a ciudadanos corruptos y después pacta con empresarios corruptos para ofrecerle sus servicios a cambio de dinero. Entonces, ¿qué creo yo que se debe hacer? Lo primero sería firmar un pacto nacional por la transparencia entre los ciudadanos, el sector público y el sector privado para poner freno a este auténtico flagelo. Segundo, ya que a la sociedad la regula la Ley, la ética y la moral y creo que, en este sentido, es importante que la justicia opere contra la corrupción, pero además sin esos exagerados beneficios de casa por cárcel y que la gente devuelva hasta el último peso robado. Y en tercer lugar, hay que recuperar la ética y los valores en nuestra sociedad, estableciendo una sólida alianza entre estas cosas y la cultura de una ciudadanía que necesita esos valores. 

Hay que volver a esos valores fundamentales porque son los cimientos de la sociedad. El ciudadano tiene también que poder elegir a representantes que no sean corruptos porque uno puede desarrollar las Leyes que quiera pero finalmente al corrupto no le importa que tipo de legislación hay y acaba cometiendo actos ilícitos. La mejor forma de derrotar a la corrupción es eligiendo políticos que sean transparentes y comprometidos con la limpieza de sus actos, enseñando al ciudadano que en este asunto también tiene una responsabilidad y un compromiso con la ética y la transparencia, transmitiendo esos valores al sector privado. La responsabilidad es de todos, políticos y ciudadanos.

ACUERDOS CON LAS FARC

R.A.:¿Cree que los acuerdos de paz con las FARC son revisables, como piden algunos compañeros de su partido, cree que eso se podría explicar a la comunidad internacional?

P.H.: Nosotros no tenemos que explicar nada a la comunidad internacional, en ese sentido, sino que creo que hay que decirle a la comunidad internacional que abandone de una vez por todas su complicidad con una organización terrorista como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Muchos países aplauden determinadas cosas en Colombia que nunca admitirían en su territorio. Por ejemplo, romper el orden constitucional y político y permitir la participación política de los terroristas que han cometido crímenes atroces y de lesa humanidad, son premisas que nunca serían aceptadas en otros países. De la misma forma, se acabó aceptando la impunidad para esos crímenes y aceptando que los terroristas sigan dedicados al narcotráfico. Por tanto, no tenemos nada que explicar a la comunidad internacional, sino que más bien la misma debería hacer un alto en el camino y examinar de cómo fueron cómplices de la entrega de este país a una organización terrorista. ¿Cómo es posible que se nos exijan cosas en Colombia que nunca aceptarían en sus países? Los europeos y los norteamericanos nos enseñaron el valor de la democracia y del Estado de Derecho, habiendo vivido en democracia casi doscientos años. Nosotros hemos sido solidarios con las víctimas del terrorismo de otros países y exigimos lo mismo para Colombia. Nosotros hemos sido abanderados del respeto a la justicia para nuestro país y exigimos a los demás que nos dejen vivir así, bajo el imperio de la Ley. 

R.A.:¿Qué está fallando en la seguridad, cómo no tuvo a nivel de calle ninguna traducción el proceso de paz y la violencia sigue en las calles colombianas?

P.H.:¿Pero que es la paz, me pregunto yo? Paz es seguridad, es que los ciudadanos puedan ir tranquilos, que los niños no sean reclutados por los terroristas, que los empresarios puedan desempeñar libremente sus negocios, que no haya extorsión, que los criminales no vuelen los oleoductos, eso es paz. Paz, en definitiva, es seguridad. 

En Colombia hablaron de paz cuando lo que había era un proceso de claudicación del Estado y que  al estar cimentado en la impunidad provoca nuevas violencias en el país. Y es que el principal problema radica que en este proceso no se desestructuró completamente a las FARC y que esta organización mantuvo su principal grueso de fuerza. Luego no se entregaron todas las armas ni los menores que habían sido forzados a servir en las FARC. Tampoco se entregó la información acerca de los secuestrados y los desaparecidos, por no hablar del narcotráfico, que ha seguido su curso por que se dejó de utilizar el glifosato. Así, las FARC aumentaron las hectáreas de cultivos ilícitos de coca.Hoy Colombia tiene el doble de los cultivos de coca que teníamos en el 2010, alimentando así por medios financieros a las bandas criminales. 

Finalmente, se equipararon a nuestras fuerzas militares con los terroristas, desmoralizándolas y neutralizándolas para combatir a los criminales. Hoy que tenemos, entonces, pues las consecuencias de esa política, como la extorsión, que bajo el presidente Santos creció un 270% y también tenemos a un Ejército de Liberación Nacional (ELN), unas FARC y unas Bacrim -bandas criminales- fortalecidas por el narcotráfico y por esa parálisis de las fuerzas de seguridad. Así, claro está, aumentaron todos los delitos y la criminalidad en las calles colombianas, como estamos viendo ahora. Nosotros, bajo el gobierno de Alvaro Uribe, logramos una reducción del 46% en los homicidios, mientras que bajo el gobierno de Santos ha sido sólo del 23%. La mejor política para la paz es la seguridad, tal como se demostró en el gobierno de Uribe en que se lograron reducir casi todos los delitos. La seguridad democrática de nuestro gobierno logró cuotas mayores de seguridad frente a lo poco que se ha logrado con el mal llamado proceso de paz.

REFORMA DE LA JUSTICIA

R.A.: ¿No cree que sin un poder judicial ágil y limpio no se pueden atajar estos problemas relativos a la seguridad”

P.H.:La seguridad está absolutamente ligada a la justicia, desde luego, son un binomio inseparable. Un país donde reina la impunidad tiene que tener altos niveles de inseguridad y delincuencia. En un país como Colombia donde la impunidad reina en el 99% de los delitos, es muy difícil evitar la violencia y la delincuencia porque todos calculan que es lo que ganó y que es lo que pierdo, ya que las posibilidades de ser capturado y judicilizado es del 1%. Ahí tenemos el caldo de cultivo que explica muy gráficamente los niveles de violencia y delincuencia que padece Colombia. 

Entonces, es urgente revisar la justicia en profundidad y el Código Penal porque muchas veces la justicia y nuestra legislación van por detrás de las nuevas realidades que presentan la violencia y la delincuencia. Por ejemplo, los menores son utilizados por bandas criminales para delinquir porque saben que no se les puede encarcelar. Otro caso son los delitos que son excarcelables y donde más reincidentes se dan. Hay casos de delincuentes que cometen  sesenta y setenta veces un mismo delito, algo absolutamente inadmisible, y que por ejemplo no ocurre en los Estados, que tienen otras Leyes. En Colombia, hay gente capturada 60 y 70 veces por delitos extracarcelables y nunca pagan sus condenas. Tenemos que desarrollar penas más duras, aunque más allá de ese cambio tenemos que crear un sistema eficaz de justicia para el país. Hay que reformar la justicia en profundidad para que se dé captura y una pena adecuada, al tiempo que también tenemos que revisar a fondo nuestra sistema carcelario y penintenciario, absolutamente fracasado como se está viendo.

R.A.:¿Estamos pasando de la anarquía al caos con todo lo que está ocurriendo, tal como decía en una de sus columnas el escritor Plinio Apuleyo Mendoza?

P.H.:Cuando hay un deterioro político, institucional  y económico como el que estamos viviendo provocado por la presidencia de Santos, hay que decir que eso es muy grave. El ciudadano percibe que no hay Ley y cunde el mal ejemplo por doquier. Se ha impuesto el ser pillo paga. Santos ha dicho claramente a los colombianos que la impunidad se ha impuesto frente a la justicia. Los grandes criminales están en la calle y haciendo política, como nos ha ocurrido con los terroristas. En Estado de Derecho y donde rigen las Leyes no se concibiría lo que está pasando ahora en Colombia.

CRISIS DE VENEZUELA

R.A.:¿No piensa que el gobierno de Santos fue muy tibio frente a la crisis de Venezuela que ahora se traduce en el drama humanitario que estamos viendo en las fronteras colombianas?

P.H.:Desde hace años como representante he solicitado a la Canciller de Colombia que tomara medidas ante la posibilidad de que ocurriera lo que ahora hasta ocurriendo, que es un éxodo masivo de colombianos hacia Venezuela. Y eso está sucediendo porque el narcorégimen acabaría convirtiendo la vida de millones de venezolanos en una pesadilla. Luego nosotros tenemos 2.000 kilómetros de frontera con Venezuela y lo lógico y natural es que esos millones de venezolanos huyan por la frontera más cercana, es ley de vida. Otro aspecto es que muchos de esos venezolanos que ahora huyen son de padres colombianos y también hay muchos colombianos que huyen ahora despavoridos de Venezuela ante el deterioro en su calidad de vida. Esta situación se veía venir, como denuncié en su momento, y no se hizo nada para evitarlo. 

Pero hay otro asunto más grave: la complicidad de Juan Manuel Santos con el narcorégimen, en su apuesta por las FARC, llevó a esta crisis de Venezuela a todos los niveles. Hoy el gobierno de Santos es corresponsable de la tragedia del pueblo venezolano. Yo he pedido, junto a otros senadores, que se declare la emergencia humanitaria en la frontera para que las organizaciones internacionales, como ACNUR, se impliquen de una forma activa en esta crisis, trayendo recursos y ayuda humanitaria. Pese a esa petición, el gobierno ha hecho caso omiso. Hoy Colombia tiene una crisis económica y fiscal que la imposibilita de ayudar adecuadamente  a nuestros vecinos venezolanos que están llegando a nuestras fronteras. La terquedad de Santos, por no hablar de su complicidad con el narcorégimen de Maduro, junto con la incapacidad de su Canciller, son los responsables de de la tragedia que están viviendo millones de venezolanos y que, por ende, también afecta a Colombia.

R.A.: Me sorprende que tanto la izquierda como la derecha se muestran muy críticas con la gestión de Santos, ¿usted cree que hay algo positivo que destacar del mandato de Santos?

P.H.:Yo creo que lo único positivo del gobierno de Santos es que ha provocado una crisis tan terrible en todos los órdenes que nos va a llevar a reinventarnos como nación. No creo que haya nada que destacar de un gobierno corrupto que traicionó al pueblo colombiano y que llevó a la figura presidencial a un nivel de indignidad que hoy avergüenza a Colombia. Nos avergüenza por su complicidad con el narcorégimen venezolano y también por su complicidad frente al terrorismo. Luego está su incapacidad para gestionar un país rico que tenía que haber tenido un lugar destacado  en el concierto internacional y que hoy, desgraciadamente, no ocupa porque está en una grave crisis.

EL PROCESAMIENTO DE ALVARO URIBE

R.A.:¿Qué opinión le merece que se reabra el proceso judicial contra Alvaro Uribe?

P.H.:No me sorprende lo que ha ocurrido, más bien me aburre porque cada vez que hay un proceso electoral en Colombia, ante la incapacidad para derrotar a Uribe en las urnas, vienen refritos de acusaciones y especulaciones para tratar de minarle su credibilidad. Sin embargo, afortunadamente los colombianos conocen bien al presidente Uribe y cada ataque le acaba fortaleciendo. Pero qué tristeza que un país que debería estar discutiendo cosas serias, como por ejemplo la reforma de la justicia o de la salud, tenga que perder su tiempo en la pequeña política y en las trampas y en las mentiras propias de una justicia parcializada que, en definitiva, trata de tejer una patraña en torno al presidente Uribe.

R.A.:¿Cuáles son los proyectos personales que llevaría al próximo legislativo?

P.H.: Hay varios. Uno de ellos es llevar adelante, con la certeza de que seremos mayoría, como la Ley de sometimiento a la justicia, que busca la desarticulación de las Bacrim y de sus estructuras criminales, generando un marco jurídico y legal y que permita el sometimiento de las mismas al Estado de Derecho y no al revés. En segundo lugar, voy a radicar por cuarta vez el proyecto para bajar  el salario de los congresistas, de tal forma que también nosotros contribuyamos a ayudar al país en un momento en que está en un trance difícil. Tercero, voy presentar varios proyectos de Ley relativos a la mejora en nuestro sistema de educación superior. Y, finalmente, quiero radicar otro proyecto relativo a la Fuerza Pública, para devolverles a nuestros militares su fuero militar, para devolverles el honor y el necesario lugar que tienen que tener nuestros militares en la sociedad. Los militares tienen que tener esa justicia especial. Esa propuesta se complementaria con una Ley de Defensa Nacional, que es absolutamente necesaria para el país, ya que la necesita. No es normal ni lógico que cada cuatro años lleguen nuevos gobiernos que vienen con lineamientos distintos y varían la que debería ser la orientación nacional en esta materia al margen del color político del gobierno del que esté en el poder. 


Ricardo Angoso , periodista español. Analista de la política internacional
 
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