EP New York / Julie Pace y Alam Fram/ servicios informativos (AP) 


¿Cuánto vale la palabra de la Casa Blanca?

Varios días de declaraciones conflictivas y engañosas de Donald Trump y sus asesores principales han alimentado nuevas dudas sobre la credibilidad de la Casa Blanca, al sembrar desconfianza e inestabilidad en el Ala Oeste: el lugar de trabajo diario del presidente de Estados Unidos y de su equipo más importante.

Algunos congresistas republicanos incluso se están preguntando si tienen en el presidente a un socio que esté negociando de buena fe.

Según un exayudante de un líder republicano en el Congreso, negociar con los funcionarios de la Casa Blanca se ha vuelto algo imposible para los republicanos, dada la propensión del mandatario de socavar las garantías públicas y privadas de su propio equipo. Funcionarios de la Casa Blanca se han encontrado en la posición extraña de instar a los legisladores a que resten importancia a algunas de las declaraciones de Trump.

Este fue el caso el viernes, cuando en uno de sus habituales tuits matinales, Trump amenazó con vetar una masiva ley presupuestaria, luego de que la propia Casa Blanca había asegurado a los legisladores que el mandatario firmaría. Funcionarios de la Casa Blanca insistieron en privado en el que el presidente se estaba desahogando tras ver informaciones que presentaban el acuerdo como una derrota de varias de sus prioridades. Luego de horas de incertidumbre, promulgó la legislación.

Sin embargo, esta situación inquietó a algunos republicanos.

“La espontaneidad y la falta de control de los arrebatos son cosas que preocupan a muchos miembros de ambos lados de la cámara”, dijo Charlie Dent, un diputado republicano por Pensilvania que ha sido crítico con el dirigente. “El desorden, el caos, la inestabilidad, la incertidumbre y las declaraciones desmedidas no son, en mi opinión, virtudes conservadoras”.

Trent Lott, exlíder de la mayoría republicana del Senado, dijo que los legisladores republicanos “sienten una gran consternación” por la situación inducida por la Casa Blanca. “Supongo que había un método en lo que hizo el presidente”.

Miembros de los dos partidos dijeron estar preocupados porque Trump parece ajeno a la forma en la que ha socavado su propia influencia y su agenda al tomar determinadas posiciones y luego abandonarlas sin pudor. En su día, los legisladores habrían atribuido estos pasos en falso a la poca experiencia del mandatario con Washington y sus formas, pero ya no.

Las vacilaciones de Trump con la ley presupuestaria fueron solo uno más dentro de una serie de incidentes recientes que pusieron la credibilidad de las palabras de la Casa Blanca en el punto de mira. A principios de mes, durante un acto privado de recaudación de fondos, Trump presumió de haberse inventado datos comerciales en una conversación con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Y en los últimos días, él y su equipo negaron rotundamente la posible marcha del asesor de seguridad nacional H.R. McMaster así como posibles cambios en el equipo legal que se encarga del papel de Trump en la investigación del fiscal especial sobre la interferencia de Rusia en las presidenciales y una obstrucción a la justicia. Más allá de las declaraciones públicas, John Kelly, jefe de despacho de la Casa Blanca, había asegurado en privado a su personal que no había reestructuraciones en el horizonte.

A finales de semana, McMaster estaba fuera. Y el equipo legal perdió a un abogado y parecía estar buscando un reemplazo.

Los problemas de Trump con la verdad no son nada nuevo. A menudo altera los hechos, desde el número de personas que acudieron a su toma de posesión al alcance de la reforma fiscal que firmó el año pasado. Y como hizo al alardear de su conversación con Trudeau, el mandatario raramente parece avergonzarse al repetir afirmaciones que han demostrado ser falsas.

“Hay una diferencia fundamental entre esta Casa Blanca y todas sus predecesoras en la historia moderna”, dijo Timothy Naftali, historiador y exdirector de la biblioteca presidencial de Richard Nixon. “(A esta) no le preocupa su credibilidad más allá de hacia una pequeña parte del pueblo estadounidense”.

Numerosas encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses no creen que Trump sea veraz, y en una elaborada recientemente por Quinnipiac, el 57% de los encuestados dijeron que el presidente no era honesto. Los defensores del dirigente señalan que fue elegido pese a que en la campaña las encuestas arrojaron datos similares.

La disposición de Trump a eludir la verdad pone frecuentemente a sus asesores en la incómoda posición de emitir contundentes comunicados públicos que el presidente desmiente rápidamente. La portavoz Sarah Huckabee Sanders desmintió en repetidas ocasiones los reportes sobre la salida de McMaster en los días previos al anuncio de Trump de que tenía un nuevo asesor en seguridad nacional.

En vísperas de la amenaza de Trump de vetar la ley de financiación, el director de la Oficina de Presupuesto, Mick Mulvaney, no dio pie a la ambigüedad al hablar de la intención del dirigente de validar la medida.

“Seamos directos. ¿El presidente va a firmar la ley? Sí. ¿Por qué? Porque financia sus prioridades”, informó Mulvaney.

Funcionarios de la Casa Blanca informaron en privado que a veces quedan en una posición imposible dada la disposición de Trump a cambiar de opinión. Incluso si sus declaraciones son ciertas en un determinado momento, dijeron, no hay garantías de que la posición del presidente se mantenga en el tiempo.

Peter Wehner, que trabajó en los gobiernos de los expresidentes Ronald Reagan, George H.W. Bush y George W. Bush, dijo que Trump no tiene a nadie a quien culpar más que a sí mismo.

“Ni siquiera sabe cuál es su propia postura”, explicó Wehner, un crítico habitual del dirigente. “Esto solo devalúa su palabra y sus promesas y su presidencia”.

Julie Pace está en: http://twitter.com/jpaceDC

 

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