Cumbre de “las Coreas” en la frontera , un evento histórico bajo la lupa de Trump

EP New York/ agencias / PEKIN, 26 ABR – El líder norcoreano Kim Jong-un ha atravezado a pie la última cortina de hierro, la frontera más fortificada del planeta, para una cumbre en Panmunjom, Corea del Sur, con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, en un evento histórico observado con expectación por la comunidad internacional.

Desde todo el mundo se esperan avances positivos en la desnuclearización de la península coreana y hacia la paz en vistas del otro encuentro personal entre Kim y el mandatario estadounidense Donald Trump, programado para mayo o principios de junio próximos.

A las 9:30 horas locales el “comandante supremo” del Norte, fue el primer representante de su familia, tercera generación de una dinastía en el poder desde hace más de siete décadas, que pisa suelo surcoreano. Kim lo ha hecho pasando del palacio azul conocido como T2 y T3, usado para la reunión de la Comisión militar del armisticio de 1953, mientras que Moon lo ha esperarado de frente, explicó Im Jong-seok, jefe de gabinete del presidente surcoreano y al frente del comité que cuida la gestión y la organización del evento.

Im había verificado previamente que los dos mandatarios deberían hacer juntos un breve recorrido a pie para llegar hasta la “Peace House”, el edificio de tres pisos de la tercera cumbre intercoreana. Kim inspeccionaría allí la parada de honor preparada por los militares surcoreanos, contra los cuales luchó su abuelo Kim Il-sung entre 1950 y 1953.

La ceremonia se llevó a cabo, pese a que los dos países no firmaron un tratado de paz, replicando lo hecho por dos presidentes sucoreanos, Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun, que pasaron revista en Pyonyang a la guardia de honor dispuesta por militares norcoreanos de las tres armas durante dos cumbres anteriores con Kim Jong-il, padre del actual líder, en 2000 y 2007. La Blue House, la Presidencia de Seúl, decidió reservarle a Kim los honores de Jefe de Estado y firmará el libro de huéspedes ilustres tras la ceremonia de bienvenida.

Moon y Kim mantendrán en total entre 4 y 5 horas de conversaciones directas que Seúl espera sean suficientes para sentar las bases de una relación de confianza recíproca.
Pese al optimismo, la parte más incierta seguirá siendo la declaración final: según Im, la cumbre será un éxito si contiene el compromiso del Norte para una desnuclearización en etapas sucesivas.

Kim anunció la semana pasada la detención de las pruebas nucleares y misilísticas y la clausura del sitio de detonaciones atómicas de Punggye-ri, que un muy reciente estudio de geólogos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China definió en pésimo estado, colapsado y altamente contaminado. Nada se habló de desnuclearización. Al concluir las conversaciones, Moon y Kim anunciarán los resultados, pero la forma todavía quedó indefinida. Podría suceder frente a la “Peace House” de “modo oficial” con una conferencia en vivo por primera vez por parte de un líder norcoreano, tal vez incluso aceptando preguntas de los medios.

La cena ofrecida por Moon, enriquecida por diez platos simbólicos con ingredientes de todas partes de la península, prevé también los deliciosos fideos fríos de Pyongyang, para cuya preparación Kim hizo traer a los mejores chefs y maquinarias especiales. Aún permanece sin confirmación la presencia de la primera dama norcoreana Ri Sol-ju, pues hasta el momento Kim guiará una delegación de nueve miembros, entre ellos su muy allegada hermana, Kim Yo-jong. También estarán el canciller Ri Yong-ho y Kim Yong-nam, el jefe de Estado de hecho. Se espera además la presencia de Ri Myong-su, jefe de Estado Mayor y Pak Yong-sil, ministro de las Fuerzas Armadas.

Con temas en agenda como la desnuclearización y la paz permanente esta inusual presencia militar se tomó como una buena señal, pensando desde ahora en la próxima reunión clave de Kim con Trump. 

Entre sonrisas y apretones de manos, y en un gesto simbólico acaso fuera de programa, Kim invitó a Moon a caminar unos pasos dentro del territorio norcoreano antes de que ambos se dirigieran al sector surcoreano. Una vez allí, caminaron escoltados por civiles con trajes típicos y militares con uniformes de gala, luego pasaron revista a tropas de ambos países y más tarde saludaron a los principales colaboradores de cada uno, con quienes posaron para una foto oficial. Después, Moon y Kim ingresaron en la Casa de la Paz, situada en el lado sur de la aldea del armisticio de Panmunjom, donde el líder norcoreano firmó el libro de visitas.Finalmente, 15 minutos después del primer contacto, Moon y Kim pasaron a un salón de la Casa de la Paz, donde comenzaron una conversación a solas y luego tenían previsto iniciar las deliberaciones formales junto a sus colaboradores.

Esta cumbre, la primera en 11 años y la tercera en la historia, se concreta luego de semanas de febriles preparativos y fue planificada hasta el más mínimo detalle por las delegaciones de ambos países, cuyo objetivo de máxima es el establecimiento de algún tipo de tratado de paz.De acuerdo a lo previsto, habrá una reunión matinal y otra vespertina, tras las cuales los dos líderes realizarán un anuncio, cuyo formato dependerá enteramente del “contenido de dicho texto”, explicó la oficina presidencial surcoreana, citada por la agencia de noticias EFE.

Hasta el último momento no se sabrá si Kim y Moon leerán algún tipo de declaración conjunta o si incluso se ofrecerían a contestar a preguntas de los periodistas, lo que sería inaudito en el caso de un líder de Corea de Norte.Del principio al final de la jornada, cada detalle se ha medido al milímetro, en algunos casos literalmente, como el de la mesa que se empleará en la sala de reunión.

El mueble es ovalado para reducir entre los participantes “la distancia psicológica” que genera la división de la península y en su parte central mide exactamente 2.018 milímetros de ancho, para simbolizar el año de la histórica cita.

Luego del encuentro, Kim y Moon plantarán un árbol junto a un camino que en su día utilizó el fundador del grupo Hyundai, Chung Ju-yong (norcoreano de nacimiento), para visitar su pueblo natal y donar un millar de reses a Corea del Norte cuando el país trataba de superar la durísima hambruna de los noventa. La tierra empleada para abonar el pino procede de los volcanes Halla y Paektu, los picos más altos -y venerados- del Sur y el Norte, y el agua usada para regarlo procederá del Han y el Taedong, los ríos que bañan respectivamente Seúl y Pyongyang.

La planificación abarca desde los platos del banquete que compartirán los mandatarios a los cuadros elegidos para decorar la Casa de la Paz y cada elemento constituye una calculada y precisa referencia a los principales símbolos comunes o personajes que jugaron un rol relevante en el acercamiento intercoreano.

Entre los nueve delegados que acompañan a Kim se encuentran el presidente honorario de Corea del Norte, Kim Yong-nam, y la hermana del líder, Kim Yo-jong, que ocupa el cargo de directora de propaganda y que realizó una histórica visita al Sur en febrero para facilitar el acercamiento.

Seúl designó para su delegación, además de a la canciller, Kang Kyung-hwa, y al titular de Defensa, Song Yong-moo, a figuras que también tuvieron relevancia en todas las etapas de la organización en los últimos meses que facilitó esta cumbre. Entre ellos, el consejero de Seguridad Nacional, Chung Eui-yong, o el director del Servicio Nacional de Inteligencia (NIS), Suh Hoon, quienes viajaron a Pyongyang primero y a Washington después para concretar tanto la cumbre de mañana como la de Kim y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prevista para este mes o el próximo.

Im compartió estos y otros detalles de la cumbre en el espectacular centro de prensa que el gobierno sureño habilitó en la localidad de Goyang, a las afueras de Seúl y situado a solo 26 kilómetros del campamento fronterizo donde se celebra la cumbre. Este recinto de 10.000 metros cuadrados acoge a casi 3.000 periodistas procedentes de 41 países diferentes.

La cumbre intercoreana -inimaginable hace apenas un año- será la tercera de la historia, luego de las mantenidas por el difunto líder y padre del actual mandatario del Norte, Kim Jong-il, y los presidentes surcoreanos Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun en los años 2000 y 2007, respectivamente. A pesar de que estas reuniones terminaron en una serie de promesas incumplidas, Seúl y la comunidad internacional viven con optimismo este nuevo encuentro. 

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