EP New York/opinión

Obviamente, el gran ganador de las últimas elecciones generales celebradas en España es el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y su máximo líder, el presidente de Gobierno Pedro Sánchez. Ha subido en votos, pues obtiene dos millones de sufragios más, ha conseguido 38 actas de diputados más que en las elecciones del 2016 en el Congreso, pasando de 85 escaños a 123, gana en las elecciones autonómicas celebradas en la Comunidad Valenciana y consigue la mayoría absoluta en el Senado, consiguiendo 139 senadores -añadiendo los que eligen las regiones- de los 266 con que cuenta la cámara. Desde 1993, el PSOE no obtenía el control con mayoría absoluta de la Cámara alta, otro gran éxito de Sánchez que ha batido récords en estas elecciones. Ha sido un victoria clara, nítida, rotunda y contundente, eso está meridianamente claro.

Por Ricardo Angoso

Desde 1993, el PSOE no obtenía el control con mayoría absoluta de la Cámara alta, otro gran éxito de Sánchez que ha batido récords en estas elecciones. Ha sido un victoria clara, nítida, rotunda y contundente, eso está meridianamente claro.

En lo que respecta al Partido Popular (PP), la debacle ha sido total y no acepta maquillajes. Pese a que su líder trató de presentarla como un  mero naufragio sin importancia, Pablo Casado ha obtenido los peores resultados en la historia de la derecha española y ha llevado al PP al fondo de abismo sin necesidad de utilizar eufemismos de ninguna clase. El PP ha perdido 3,6 millones de votos, ha pasado de 137 diputados a menos de la mitad (66) en el Congreso, en la Comunidad Valenciana -antiguo feudo del PP donde el partido barría ampliamente- ha perdido casi la mitad de su fuerza en el parlamento regional, pasando de 31 diputados a 19, y en el Senado la tragedia ha sido todavía mayor: los populares pasan de 130 senadores a apenas 56. El líder popular, que hizo una campaña perdonando la vida a casi todas las fuerzas políticas, debería haber dimitido la noche electoral, tal como ocurre cuando suceden estas cosas en la mayor parte de los países. Esa falta de dignidad política le pasará factura y agravará las tensiones internas dentro del partido de cara a esta legislatura. Casado tiene que irse, está sobrando, es parte del problema y no de la solución.

Otro de los grandes ganadores de la noche ha sido Alberto Rivera y su formación política, Ciudadanos, que consigue avanzar aunque no tanto como esperaba. Hay que tener en cuenta que hace un año casi todas las encuestas daban por ganador al partido de Rivera, por encima del PP, algo que no ha ocurrido, y a muy poca distancia de los socialistas, resultado que tampoco se ha dado. Ciudadanos ha subido un millón de votos, consigue 25 diputados más en el Congreso, pasando de 32 a 57, logra cinco diputados más en la Comunidad Valenciana, quedando con 18  escaños y a uno solo de diferencia con el PP, y logra entrar en la Cámara alta con tres senadores. Quizá la gran frustración de Ciudadanos en la noche electoral radicó en que no consiguió el añorado sorpasso con que pensaban pasar por delante al PP, pero quizá no es un objetivo que se deba descartar de cara a las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas a celebrar el 26 de mayo.

En lo que respecta a la izquierda, más concretamente a Unidas Podemos, que lidera Pablo Iglesias, ha quedado también notablemente debilitada, aunque no tanto como los populares y señalaban casi todos los sondeos. Entre las elecciones de 2016 y las de 2019 ha perdido 1,3 millones de votos, 29 diputados, pasando de 71 a 22, pierden cinco diputados en el parlamento regional de la Comunidad Valenciana y, para acentuar más la debacle, pierden los 16 senadores que tenían en la Cámara alta junto con algunas de sus marcas regionales. En definitiva, un balance bastante paupérrimo y un castigo por parte del electorado bien claro y duro, pagando con el mismo sus profundas fisuras internas, su apuesta por un discurso radical y casi marginal, el estilo estalinista y personalista de Iglesias y, en fin, toda una serie de desaciertos y boutades cuya lista sería larga de enumerar. 

El otro gran ganador de la noche es la formación VOX, presentada por algunos medios de comunicación de “ultraderecha” y cuyo espíritu recuerda más al PP original que al de hoy, sobre todo porque los populares en el pasado representaban un espíritu con respecto a determinados valores y principios que muchos consideran que ha perdido. De esa desazón entre su antiguo electorado y la pérdida de la identidad, sobre todo en lo que se refiere a la unidad de España, nace la formación que lidera Santiago Abascal. VOX ha obtenido 2,6 millones de votos, consigue 24 diputados en el Congreso y entra con fuerza en el parlamento regional de la Comunidad Valenciana con diez diputados. A partir de ahora, VOX, que tiene vocación, voluntad y fuerza para quedarse, habrá que contar con una nueva fuerza en el sistema político español. VOX irrumpió con energía el 28-A.

Los otros ganadores de la noche han sido la formación independentista Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), que pasa de 9 diputados a 15 y consigue un millón de votos, y la marca de ETA en el País Vasco, Bildu, que pasa de dos a cuatro diputados. El PNV, pese a la subida de Bildu, mantiene sus seis diputados, y logra dar un gran salto en la Cámara alta, pasando de los 5 senadores que tenía a 9. ERC consigue también un senador más en la Cámara alta, pasando de 10 a 11, y Bildu logra entrar en el Senado también con un senador. Pese a todos, los nacionalistas catalanes no deberían hacer muchas celebraciones, ya que apenas han llegado sumando a las tres fuerzas de esta tendencia al 39% de los votos, muy lejos del deseado 50% que permite liderar y coronar con fuerza y éxito un  proyecto nacional, como pretenden desde hace años. 

Sin embargo, a tenor de estos resultados, las fuerzas independentistas y nacionalistas podrán seguir ejerciendo su influencia, o su capacidad de coacción, en las nuevas instituciones, toda vez que los dos bloques que se configuraron durante la campaña -derecha e izquierda- han quedado muy lejos de los 176 diputados que conforman la mayoría absoluta. La derecha agrupada en torno a los partidos PP-VOX-Ciudadanos obtiene 149 diputados, mientras que la izquierda formada por PSOE-Podemos obtiene 165, ambos resultados muy distantes de la mayoría absoluta. 

Solamente una gran coalición PSOE-Ciudadanos, que suman 180 diputados entre ambos, podría dar paso a un ejecutivo estable, ajeno a las presiones de los nacionalistas y no sujeto al permanente chantaje por parte de algunas de estas fuerzas radicales del nacionalismo vasco y catalán. Por ahora, todo indica que ambas fuerzas esperarán a las elecciones del 26 de mayo para tomar una decisión sobre futuros pactos de gobierno, toda vez que Ciudadanos no quiere desgastarse ante esos comicios y perdiendo votos por la derecha con un pacto con el PSOE, una decisión que tomarán seguramente al día siguiente de las elecciones. O quizá finalmente el PSOE acabe pactando con Unidas Podemos, cualquiera de los dos escenarios está sobre la mesa. Habrá que esperar. 


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