Ejército de Colombia , al rescate de la fe y la confianza del pueblo colombiano

EP New York/opinión 

El escándalo desatado por el artículo del periodista Nicholas Casey publicado en el New York Times , en un intento de esclarecer y vincular los asesinatos de los líderes sociales y la persecución contra disidentes de las Farc , tiene al ejército de Colombia en la mira de los derechos humanos y los defensores del posconflicto firmado en el proceso de paz por el expresidente Santos. Justo cuando el caso “Santrich” pone en jake y contrapunteo a la justicia transicional (JEP) y a la fiscalía , las investigaciones del NYT apuntan sobre el surgimiento de la “parapolítica” a través de nuevos mecanismos implantados por el ejército.

La presión del medio neoyorquino que ha editorializado profundamente sobre el tema de la paz en Colombia , parten de una serie de contradicciones y amenazas que emanan de la Justicia Especial de paz(JEP), de los líderes de las Farc y de las organizaciones que defienden el posconflicto como es el caso de la oposición. Y el principal culpable involucrado en  el artículo del NYT sobre la “sombra de la parapolítica”  es el ministro de justicia ( Guillermo Botero) y ,de paso,   el gobierno del presidente Iván Duque.

Pero, ¿por qué razón señalan directamente al ejército?

De todos es conocido que una de las más aberrantes injusticias del expresidente Santos en el proceso y firma de la “paz” , fue desprestigiar las fuerzas armadas por pedido explícito de la guerrilla , al considerar ,en conjunto, que todos : grupos armados , militares , civiles , y grupos paramilitares debían comparecer ante la justicia por los asesinatos y desapariciones en los 50 años del conflicto. Un golpe certero al poder judicial que pese a defender la honra y bienes del territorio colombiano , terminó siendo “la cenicienta” del proceso.

De aquí en adelante , Santos hizo que el equilibrio de poderes trastabillara ante la brillante idea de crear una justicia alterna (JEP) para juzgar _por igual_ a guerrilleros y militares. Es decir, se dio tanto poder y privilegio a la guerrilla que de secuestradores y verdugos pasaron a ser victimas , en el proceso más inverosímil de la historia reciente de los conflictos en latinoamérica.

Es obvio , por consiguiente , y tomando en cuenta todas las atrocidades que produjo 50 años de guerra , que en materia de seguridad nacional _y cualquier país , en el campo judicial haría lo mismo_ que en medio de tantas bandas criminales (llámense bandoleros , chusmas , ‘pájaros’, guerrilleros o narcotraficantes ) debe existir una fuerza pública o ejército para dar seguridad democrática. De lo contrario , la anarquía produciría un desequilibrio social como efectivamente ocurrió en los años en que Colombia centró sus fuerzas en el proceso de paz.

Aquí está la raíz principal de la ecuación que aún divide a los colombianos del cual hoy pretende vanagloriarse el NYT con sus artículos. Se vendió la idea que todos los males del país acabarían con la firma de la “Habana” y el hambre , la inseguridad y los males del pasado , acabarían. Sin embargo , la radiografía actual es patética en medio de un “anatema” llamado: Justicia Especial para la Paz(JEP). Luego entonces, ahora que el nuevo gobierno trata de poner orden en casa y hace ingentes esfuerzos para retomar la seguridad que tanto necesita Colombia, hablan de “parapolítica”.

Incluso, el presidente Duque en un intento de reestructurar las fuerzas armadas y de inteligencia se ha encontrado con grandes obstáculos como la erradicación de los cultivos de coca que se triplicaron en los años de negociaciones , con los miles de disidentes de Farc que no entregaron las armas , con bandas criminales de microtráfico y narcotráfico , con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional(ELN) hoy aliada con el chavismo y Maduro y no menos importante pero letal , la delincuencia común , de los cuales el NYT no investiga.

No hay duda que no sólo articulos como el del NYT tratan de seguir dividiendo al país. En el mismo tono está la prensa nacional que ahora hablan de libertad de prensa y se refugian en la panacea del periodismo norteamericano y en la inconforme comisión de derechos humanos para desacreditar al gobierno y a las fuerzas armadas de Colombia.

Cabe destacar igualmente que en contraste con las acusaciones explícitas contra el ejército que por simple razones interpretativas decidió modificar la estrategia contra el crimen , ha salido a la luz pública otro informe riguroso sobre la realidad de la actual coyuntura política. El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), una ONG dedicada hace 35 años al monitoreo del conflicto armado interno precisa que de las 702 personas líderes sociales y defensoras de Derechos Humanos que han sido asesinadas en Colombia ,132 de los casos , ocurrieron en el año 2016, 208 en el año 2017, 282 en el año 2018 (todos en la administración de Santos) y 80 en lo que va del año 2019″, precisó el estudio.

Dice el estudio titulado : “todos los nombres , todos los rostros” , que la fuerza pública es solo uno de los “presuntos autores materiales” de estos crímenes. Los otros presuntos responsables son mayoritariamente grupos criminales conformados por bandas y narcotraficantes, a los que se suman el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidentes de las FARC.

Las intimidaciones dirigidas a los líderes sociales o defensores de derechos humanos se relacionan con su oposición a la minería ilegal, por su apoyo al proceso de paz o por reivindicar los derechos de poblaciones afectadas por la violencia o la corrupción.

En este sentido el presidente, Iván Duque, se ha manifestado repetidamente sobre la tragedia que está ocurriendo con los líderes sociales en el país. Su anuncio más reciente frente al tema fue la creación de un cuerpo especial de jueces que se encargará de tramitar tanto los crímenes como las amenazas contra estas personas , publica este viernes Ansa Latina.

Por último , el NYT que extrañamente tiene un decantamiento por la izquierda , ha editorializado hoy que la paz en Colombia pudiera estar desintegrándose. ¿Cuál paz? Nos preguntamos. Si nunca la hubo. Una cosa es tratar de forzar un acuerdo en beneficio de unos pocos líderes guerrilleros (porque más de la mitad quedaron armados y en la clandestinidad) y otra distinta es si se hubiese actuado con transparencia , democráticamente, como cuando se convocó al plebiscito por los acuerdos que Colombia optó por un “NO” rotundo.

El NYT está obrando como un “siriri” contra el presidente Duque , ha trinado el expresidente y actual senador del Centro Democrático Albaro Uribe Vélez.

Sirirí. El sirirí común es una de las aves más comunes y conspicuas en Colombia.  Su nombre hace referencia a su comportamiento belicoso y territorial.


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