“Yo no quiero que me regalen nada , quiero que dejen de robar”. Lo que dejó el paro en Colombia

EP New York / opinión

Crónica de una huelga empañada por disturbios, saqueos, daños a la infraestructura pública y abusos de fuerza por parte de las autoridades.

Había mucha angustia y zozobra entre los colombianos horas antes del paro nacional que convocó a miles de personas en las principales ciudades y pueblos del país. Allanamientos previos realizados por los sistemas de seguridad del gobierno , en una inusual práctica de prevención , hicieron pensar que detrás del paro se “cocinaba” un sospechoso acto de terrorismo por las circunstancias políticas que rodean a los gobiernos de latinoamérica.

Las protestas y violencia acadecidas en Chile y Bolivia , hicieron creer que por primera vez en más de cincuenta años de violencia , la revolución tocaría el techo de la desesperación que , año tras año,  agrega al “caldo de cultivo” , cientos de razones para enfrentar las políticas que intenta implantar el actual gobierno de Iván Duque. Y , en esta ocasión , a la concentración masiva , acudiero el inconformismo , la inestabilidad y, como invitado especial,  “la polarización” que hoy divide a 48.2 millones de colombianos.

Pero el paradigma de esa ideología que han impuesto los gobiernos de Colombia entre la legendaria lucha de liberales y conservadores y la actual guerra fría de izquierdistas y derechistas , ya no es el punto de discusión. El pueblo colombiano , en especial , la juventud, ha dejado en claro , en esta huelga nacional a través de pancartas , cánticos y “cacerolazos” , que lo que se plantea es un asunto de corrupción exagerado , de desgaste político , de falta de oportunidades y, lo más sensible, la inseguridad y la violencia que sigue azotando al país.

Las imágenes del paro fueron claras y contundentes como muestran cada una de las pancartas de las organizaciones que de una u otra forma , expresan la apatía y el abandono en que se encuentran algunas poblaciones del país donde la desigualdad es abrumante y hasta descarada en relación a la burocracia y las pocas opciones de equilibrio en aspectos tan significantes como la salud y la educación. Y así lo reclama un estudiante que decidió definir el término “vandalismo” como un elemento de corrupción ligado al sueldo de un congrsista.

El resto , como las pensiones , el salario digno , la estabilidad laboral , la reforma tributaria , la educación y , lo que más se ha cuestionado , ‘la paciencia y la tolerancia de los colombianos’ frente a los abusos de poder  , quedaron exhibidas en una pancarta de la marcha de Bogotá  que se leía como : “Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo”.

Lo malo , el vandalismo

De otro lado , en hechos aislados , al término de la jornada de protestas varias ciudades registraron hechos de violencia , siendo Cali , al sur occidente del país, la más afectada donde el Alcalde tuvo que decretar el toque de queda hasta varias horas de la mañana del viernes.

Según informes de Colprensa , varios encapuchados agredieron a varios uniformados que custodiaban algunos sectores neurálgicos de la ciudad , al oriente y sur oriente , donde se reportaron , además, asaltos en las calles y en varias unidades residenciales.

 

El pánico se apoderó de los caleños , como muestra un video publicado en las redes sociales , hasta altas horas de la noche , pero la ciudad ha sido militarizada hasta restablecer el orden. Hoy se ve una ciudad sucia , con algunas barricadas y ciertos lugares comerciales custodiados por la policía después del saqueo y vandalismo que sacudió la alegre y pacífica ciudad conocida como la capital mundial de la “salsa”.

Registro y análisis del paro en la perspectiva mundial

Los colombianos ingresaron este jueves al movimiento de protestas que sacude a Sudamérica con una multitudinaria huelga nacional, que tras una jornada llena de alegría y fiesta, concluyó con algunos actos violentos de encapuchados en Bogotá, Cali y Popayán.

Las marchas empezaron muy temprano con concentraciones en casi todo el país y con la capital colombiana como el mejor escenario y la mayor muestra de la cantidad de personas que decidió salir a las calles a protestar.

Las causas eran muchas y no solo las de los promotores originales de la huelga, los sindicatos de trabajadores que llamaron a paro para advertir de los intereses del gobierno en querer cambiar el modelo de contratación laboral y el sistema pensionar.

El tema central fue el cúmulo de molestias sociales apiladas durante años que se vieron reflejadas tanto en las pancartas, como en los cantos de los manifestantes y hasta en las camisetas que muchos elaboraron para salir a protestar.

“A los jóvenes no nos arrebatarán la esperanza, primero les arrebatamos el poder” o “Para la paz todo, para la guerra nada”, decían algunos de los mensajes escritos que portaron hoy los manifestantes.

El presidente, Iván Duque, y su frase “De qué me hablas viejo”, dicha semanas atrás a un periodista en Barranquilla que le preguntó por el bombardeo militar en el que murieron ocho niños, fue estribillo de cantos y tema recurrente en los mensajes escritos.
  
Las marchas en general transcurrieron en calma, con música de fondo y cantos, y en lugares como Bogotá ni la pertinaz lluvia desanimó a los marchantes que colmaron la totalidad de la Plaza de Bolívar, en cuyo entorno se ubican las tres ramas del poder. Sin embargo, al final de la jornada aparecieron los encapuchados de siempre haciendo pintadas y enfrentándose con la policía que los dispersó con gases lacrimógenos.

“El sabotaje del gobierno a la marcha en Bogotá, ahora en la plaza de Bolívar, debe ser respondida con una nueva jornada y la posibilidad de extender el paro”, propuso en Twitter el excandidato presidencial de izquierda y actual senador Gustavo Petro.
  
“Despeje de Plaza de Bolívar por parte de los manifestantes demuestra que la mayoría eran jóvenes en actitud pacífica. Solo los pocos vándalos se quedaron destruyendo. Tenemos una juventud que en su mayoría tiene una actitud pacífica y seguiremos escuchándolos constructivamente”, expresó, por su parte, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez.
  
Otras refriegas se registraron en un amplio sector del noroeste de Bogotá y en la vía que conduce hacía el aeropuerto El Dorado, hacía donde manifestantes querían llegar pero la policía se los impidió.
  
En Cali las marchas concluyeron en calma, pero luego se registraron actos vandálicos como el robo a comercios lo que obligó al alcalde de esa ciudad, Maurice Armitage, a decretar el toque de queda a partir de las 19 horas locales (0 GMT).
  
“Agradezco mucho a la gente que fue a la manifestación y se comportó bien, pero desafortunadamente estos inadaptados nos han llevado a tomar esta dolorosa decisión”, agregó Armitage. En Jamundí, otra población cercana a Cali, también las autoridades ordenaron el toque de queda, lo que obliga a los ciudadanos a no salir a las calles desde las 19 horas locales.
  
En Popayán, capital del departamento del Cauca, en el sur del país y donde se han registrado continuos asesinatos de indígenas, se presentaron también enfrentamientos de encapuchados con policías en el centro histórico de esa ciudad.
  
El gobierno estuvo vigilante de la huelga, dio un parte de tranquilidad general en el país, pero al contrario de lo que se vio en las calles, en las imágenes de los telenoticieros y en cientos de video en redes sociales, aseguró que solo salieron a marchar 200 mil personas en todo el país, una cifra poco probable.(ANSA).

 

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