Colombia y el “punto de inflexión” de Iván Duque

EP New York/ opinión

El presidente Iván Duque se encuentra en un punto de inflexión en caída ascendente, que aunque pueda parecer un oxímoron no lo es: la curva de su impopularidad no deja de subir encuesta tras encuesta. Remontar en estas circunstancias, como demuestra la historia, será una tarea titánica.


Ricardo Angoso/analista internacional

La situación es crítica, las protestas no amainan, el desgaste del máximo mandatario colombiano es notable y nadie parece estar al frente del timón, tal como lo percibe la ciudadanía y numerosos analistas y columnistas. Los síntomas de la enfermedad son bien notables y el presidente acusa varios frentes en los que tendrá que poner orden en casa; de lo contrario, de un escenario crítico podríamos pasar a uno terminal o apocalíptico.

En estos dieciséis meses largos de gestión de Duque como presidente, se ha echado en falta una verdadera agenda programática con objetivos definidos y resultados concretos a obtener en el corto y en el largo plazo; el divorcio con la ciudadanía, a tenor de casi todas las encuestas y estudios publicados, es notorio y manifiesto; no hay equipo de gobierno ni partido que salga en defensa del presidente, mostrando a las claras su soledad política y la falta de escuderos que den la cara en este momento -¡cuánto le haría falta un José Obdulio Gaviria en Casa Nariño!-; falta capacidad de liderazgo para dirigir la crisis con un verdadero gabinete de tal nombre que gestione el momento y sepa dar respuestas; no se adoptan decisiones estratégicas ni gestos que la sociedad perciba como señales de que la gobernabilidad va por buen camino; y, finalmente, a este cuadro tan desolador, se le viene a unir la guinda de la tarta: no hay una verdadera estrategia de comunicación, con lineamientos claros y orientaciones precisas, capaz de revertir este punto de inflexión ascendente del que hablaba al principio de esta nota.

El presidente puede que tengas buenas intenciones, predisposición al diálogo y buen talante, pero no sabe explicarlo a la sociedad y sus asesores, tampoco. A este gobierno le falta más pedagogía política, explicar a los ciudadanos y también a los medios sus ideas y proyectos, poniendo especial énfasis en los problemas que realmente preocupan  a los ciudadanos y ofreciendo propuestas sólidas que lleven a la solución de los mismos. Mucha palabrería y proyectos legislativos que la gente no atisba a comprender, pero pedagogía, nula, brilla por su ausencia.

UN NUEVO RUMBO ES NECESARIO

Aparte de todas estas fallas reseñadas, a este gobierno le falta márquetin político. Una regla básica del márquetin es saber vender tus productos, aunque sean malos, pero es que en este caso se junta el hambre con las ganas de comer. Ni hay una estrategia de qué se quiere comunicar ni qué decir, ni hay tampoco un mensaje o un relato qué vender, se camina a  la deriva sin brújula y sin dirección. Alvaro Uribe tenía un relato claro, la seguridad, mientras que el presidente Juan Manuel Santos se aferró durante todo su mandato, como una tabla salvadora, a la paz. ¿Cuál es el relato de Duque? No lo hay y, si no hay cambios en estos meses, seguramente no lo habrá en toda su presidencia.

Si de verdad Duque quiere llegar a un verdadero pacto nacional, dialogando con varios sectores y no “conversando” infinitamente sobre el sexo de los ángeles, debe de poner encima de la mesa una verdadera agenda con los principales asuntos que preocupan a los ciudadanos, tales como la corrupción, la inequidad social, la inseguridad, la necesaria reforma de la justicia, el estado de la educación en el país y, por supuesto, la salud. Solamente afrontando esas grandes cuestiones, con un timing preciso y participando los verdaderos actores sociales, se podrá llegar a ese gran pacto al estilo, por ejemplo, de lo que fueron los Pactos de la Moncloa en España, que sentaron las base para un gran acuerdo social y político que llevó a buen puerto la transición democrática en este país.

 

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